Opinión

Nube Viajera: Días del hemisferio sur

Quería ver más de Sao Paulo e ir a museos como algún día fui siendo muy feliz, pero el poquito tiempo que tuve fue bien usado viendo desde un último piso los murales y el caos del centro de aquélla ciudad ruidosa y vibrante
viernes, 27 de mayo de 2022 · 01:30

Han sido días de esos cargados de emociones. Me pasaron muchas cosas. Despertar, abrir las cortinas y ver la playa de Copacabana y esa energía única del carioca fue precioso; me cautivó la ciudad, quería trepar todas las montañas, caminar las playas, beberme más licuaditos de coco y cachaza y volver, tres noches seguidas, a cenar a Oteque. Cuando la multidisciplina se junta en un restaurante y todas las visiones me son afines, arquitectura, diseño, sonrisa, servicio de vinos, cocina, simplicidad, ingrediente y elegancia, me dan casi ganas de llorar. De eso para mí no hay mucho Alberto.

¿Qué más? Entre salas de hospitales hablé con dos amigos y talentosos cocineros mexicanos y me sentí tan feliz. Uno de ellos me invitó a cenar a Noma. A pesar de haber vivido la capital danesa de cerquita, nunca he comido en el vanagloriado sitio, gracias Édgar por compartir. El otro, por teléfono y mientras yo llenaba formas y formas médicas, me contó lo feliz que lo ha hecho la apertura de su restaurante en Tailandia. Se sintió la emoción Ruano, ya quiero caminar Lumpini Park pronto y tomarmos un Martini con esa vista que tiene Ojo enBangkok.

Bailé mucho y eso hace bien al alma. Salsa con mujeres latinoamericanas llenas de poder de ese que contagia y se aplaude, y hasta Los Tigres del Norte después de una gran cena llena de generosidad en Evvai siendo Luiz Filipe lo que creo que es, un hombre cuya sonrisa es proporcional a su talento. Y sonríe mucho. 

Caminé sola y eso cómo me hace bien. Quería ver más de Sao Paulo e ir a museos como algún día fui siendo muy feliz, pero el poquito tiempo que tuve fue bien usado viendo desde un último piso los murales y el caos del centro de aquélla ciudad ruidosa y vibrante comiendo pérsimos con un queso local que no se me olvida. Gracias Pablo, la cocina de Cora es honesta y le auguro un millón de éxitos. 

Una tarde de gintonics en el barrio de Leblon me dio mucha esperanza, la gente inteligente y las muestras de amor hacen mucho, mucho bien. Me gustan esos lugares en donde se ve pasear y pasar gente, se habla de lo que uno se le ocurre y se dejan trascurrir las horas. Hay que volver a Esch Café. 

Ya me haré el tiempo, pronto, para volver a disfrutar los cuadros de esa geografía única de Río de Janeiro que cuelgan en casi todas las paredes del Copacabana Palace. Acuarelas, dibujos, colores, palmeras, retratos de esa ciudad que se queda en mi corazón como un recuerdo de lo más bonito y para siempre.

Llegué a casa y comí pollo en verdolagas y di gracias de lo bueno que es lo bueno, y más cuando es de uno. Días cargados de emociones y de imágenes inolvidables, de fotografías de las que se quedan en la memoria. Dar gracias, entre coco, postres zelty, chicharrón de cerdo, caviar y la mejor ostra que me he comido en mi vida, dar gracias.