Opinión

Nube Viajera: Alineación planetaria

Cada vez soy más vegetal, lo sé, traigo antojo de una ensalada con mis tomates verdes que estoy por cosechar, así crocantitos, algo de Peccorino, algo de miel quizá y aceite de oliva
viernes, 3 de junio de 2022 · 01:40

Me comí un plato de melón dulce, dulce, que me hizo muy feliz. Así lleno de hierbas como suele hacer Elena, cocina femenina, herbal, ligera, de diosas. Y eso me hizo muy feliz.  He estado saturada y el martes en Baltra me tomé un Martini y me fui a dormir. Mucha bulla, mucho ruido, catártico pero no hay quizá una mejor fórmula para generar paz interior cuando las cosas se juntan y se atoran, que un Martini de Beefeater tan bien hecho como lo hacen ahí. Tan bien hecho.  

He pensando muchísimo en ensaladas y así como conté a enorme cocinera de aquélla de pérsimos que me comí; preparé aquélla de título “zen” que Mónica Patillo creó hace muchísimos años con cogollos, queso parmesano y una vinagreta emulsionada con alguito de consomé así líquida y deliciosa. Cada vez soy más vegetal, lo sé, traigo antojo de una ensalada con mis tomates verdes que estoy por cosechar, así crocantitos, algo de Peccorino, algo de miel quizá y aceite de oliva. 

Quiero comer mangos y sonreír haciéndolo. Ya llega esa época del año en la que hay que preparar chutney con mi receta hawaiana de la tía Lulu Pali y haciéndolo pensar en la Nao de China cuando trajo los mangos de Manila, en los conquistadores que introdujeron la pimienta a América y en que nunca hay que ponerle pasitas. Odio las pasitas.  

Hoy viernes quiero cocinar. Espero conseguir mejillones como los que me sirvió Lalo García hace muy poco en su restaurante. Colmados de mantequilla, algo de cebollín, vino blanco seguramente, y una baguette enorme para sopear. ¿Qué más?. Quiero dormir a José Luis Hinostroza bajo un árbol de toloache para que me comparta las proporciones de su sikil pak perfecto y con un tequilita abrir el apetito y hablar de mujeres con mujeres. Quizá un tiradito, fresco, con algo de consomé de jitomate muy clarito, quizá hasta con piñones como ese primer tiempo glorioso de Alberto Landgraf. 

Decidí que el sábado me voy a ver las estrellas al lado del mar. Buscarme un rinconcito para mi y mirar el cielo. Pensar en ensaladillas rusas bien hechas, en lo relevante de los abrazos y en que hay que cargar con mucho menos peso. Quién sabe, igual y la epifanía llega en la noche de esa costa del Pacífico. Algo de misticismo caería bien. Y después, un taco de pescado.