Opinión

Nube Viajera: Qué lindo es volver a Oaxaca

Cuando me platicaron que el evento de 50 Best Restaurants Latinamerica podía también ser en México pensé: ¿dónde más si no en Oaxaca?
viernes, 12 de noviembre de 2021 · 00:00

Yo te espero viviendo en Oaxaca, me dijo un día Enrique Olvera con esa sonrisa un poco burlona que lo caracteriza. Es mi sensei, qué razón tiene, y así como le quiero copiar su ceviche, ya le copié parte de mi retiro por aquéllas tierras del Istmo que solo generan buena onda.

He estado rodeada de Oaxaca toda mi vida. De piezas y cacharros en la mesa, de Mitla y de rebanadas de árbol tropical de la zona que en mi casa servían como mesas de comedor y de costa oaxaqueña a tope: de niña cerca de Zipolite y ya más grande en Punta Pájaros pensando en nuevas etapas.

Viví entre papalotes de Toledo y recetas de pescado y de tamales de iguana de Pinotepa Nacional. He soñado con exposiciones internacionales de insectos comestibles y, aunque debo reconocer con cierta vergüenza que aún no me gusta el mezcal, siento que debo meterme a su profundidad y hacerlo mío. Así he venido haciendo a Oaxaca hace 47 años, mía.

En Oaxaca me comí uno de los mejores tacos que me he comido, de jaiba suave, apenas rebozada, con limón y salsita verde. En Puerto Escondido he probado los quesos de hebra y los tamales de chaya más ricos, y creo que hay quizá pocos lugares en donde un tequila, una cerveza y un cigarro saben mejor.

Quiero todos los huipiles del mundo y mi colección crece. Comenzó con uno oaxaqueño regalo de mi madre, con alacranes bordados y se ampliado significativamente. Ahora quiero uno de Putla que ya vi con listones morados anchos y que me hacen sentir princesa.

Vuelvo a Oaxaca mucho este mes de noviembre, muchos días, muchas oportunidades. Cuando me platicaron que el evento de 50 Best Restaurants Latinoamerica podía también ser en México pensé: ¿dónde más si no en Oaxaca?. Cuando imaginé a chefs mexicanos, panameños, guatemaltecos, costarricenses, entre otros; celebrando lo grande que es el lenguaje de la cocina y lo muy orgullosos que estamos de ello pensé: qué lindo sería tenerlos a todos bajo el techo de esa bellísima obra arquitectónica del Grand Fiesta Americana Oaxaca en donde además, bajo el mando del chef Gerardo Rivera, se come muy, muy bien. Gracias por recibirnos.

Y pensé también: celebrar juntos la riqueza de nuestra cocina en aquél patio lleno de magia que Luis Arellano creó en Criollo. Encuentro pocos lugares tan amables y sabrosos para llevar a cabo la ceremonia en México que aquél patio de cocina local, animales colgantes y tacos gloriosos.

Y la vida fue grande y se dio, se logró. Aunque me critiquen los puristas, me encantaría ir vestida de Tehuana con todo y un majestuoso huipil de cabeza a celebrar el triunfo de tantos cocineros talentosos. Qué lindo es volver a Oaxaca.