Opinión

Nube Viajera: Un cachito de Perú

Astrid y Gastón de la mano de Jorge Muñóz viene varios días a México, a Monterrey, en el marco de las ediciones de los pop ups de la iniciativa de título Müi
viernes, 5 de noviembre de 2021 · 01:40

La primera vez que pisé territorio peruano fue hace muchos años. Me invitaron a un importante lunch en el que hablaba mi inglés británico y trataba de fungir como embajadora (no pedida obviamente, pero sí socorrida) de un menú largo, de esos de muchos tiempos e historias. De ahí salió mi frase “no me gusta comer poesía”. 

Como tantísimas veces me pasa, no estaba preparada para un clima agreste y que no conocía. La cita era al mediodía,  -luego supe de esa costumbre peruana del almuerzo tempranero-, situación que confieso me pone en desventaja. Esa cosa de nosotros los mexicanos de comer tan tarde y tan hambrientos será poco saludable, pero nos hace felices.  

La casa me impresionó y la sala era impecable. Me senté cerquita de una pieza de mi amigo Aldo Chaparro y el festín comenzó. Ya me tocaba a mí en la vida comer la propuesta de aquel ícono-sensei-rockstar-aliado de América Latina e impulsor perenne, Gastón Acurio, y estar sentada esa mañana limeña en Casa Moreyra, me hacía sentir cositas en la panza. Vale la pena aclarar, la emoción se sentía aún y cuando mis galantes acompañantes, dos hombres mayores que yo, pidieron una copa de vino “Chardonnay, please”, ¿una sola?, ¿no van a preguntar por el productor o la región?, ¿en serio?. Otra más de las cosas que me afectan en la vida.  

Y pasaron los años. He vuelto a Lima más veces de las que me acuerdo. Conozco sus librerías, su mar y tengo mis lugares favoritos para correr y para ver el cielo, ese cielo irrepetible que me hace pensar en mi Baja California, aunque con mejor vino. 

En uno de mis fugaces y últimos viajes a ese paraje de arena, mar y nubes permanentes que nunca se van y nunca lloran, -y más de una década después-, decidí volver a aquél restaurante. Sorpresas te da la vida, cada paso me cautivó más que el anterior. Un menú cargado de tradición y nada simple, porque esa cocina no tiene más que una elegante complejidad, y bien, bien genuino. Hay brasa, hay ajíes, hay los camarones más impresionantes y los arroces más golosos. Hay rocoto, mucho limón, cilantro y productos de mar que a una enamorada de su país y de sus costas y producto, a veces, sólo a veces, la mata de la envidia.  

Hicimos click Jorge Muñoz y yo, y me sinceré: México estimado chef, se fliparía con tu cocina, los mexicanos somos cachondos y nos chupamos los dedos con esos sabores y con esa acidez. Felizmente, Astrid y Gastón de la mano de Jorge Muñoz viene varios días a México, a Monterrey,  en el marco de las ediciones de los pop ups de la iniciativa de título Müi. Del 24 al 27 de noviembre en el regio Club Industrial. Denme crédito, viajen de Pachuca o de Mérida a vivir ese cachito de Perú. La sonrisa es garantizada.