Opinión

Nube Viajera: Bocatto di cardinale

Juntar placer y continencia religiosa puede resultar medio contradictorio, casi como prenderle una veladora a un santo y otra al diablo...
viernes, 7 de mayo de 2021 · 01:30

Hace poco una de mis hijas me dijo que porqué las habíamos criado sin religión y que le parecía un acto de cierta imposición. La verdad tiene razón, así crecí yo, lejos de la iglesia y crítica de muchas prácticas de aquel mundo en el que no creo, aunque eso sí, siempre curiosa de las entrañas de la vida papal, la cotidianidad y la profunda importancia que la curia ha dado siempre a la buena vida.  

Juntar placer y continencia religiosa puede resultar medio contradictorio, casi como prenderle una veladora a un santo y otra al diablo, pero lo cierto es que aquella famosa frase bocatto di cardinale hace honor a lo que desde el Renacimiento ha sucedido, los papas, sus consejeros y los grupos alrededor comen y beben bien. 

Una vez leí que en los fogones vaticanos se había inventado el baño María y también las primeras hebras de mozzarella, ¿será? Las bodas de Caná, en donde se cuenta que se convirtió el agua en vino, imagino siempre las etiquetas que deben de consumirse en aquel estado que me dicen que tiene el mayor consumo per cápita de vino en todo el mundo. 

Hace poco probé un riojano que me contaban que es proveedor oficial del Vaticano. Tempranillo, graciano y mazuelo, un Rioja viejo y bien hecho y que me tomé además hojeando un gran, gran libro de cocina, el de Bartolomeo Scappi, el cocinero de Pío V con decenas de recetas para preparar esturión que me han cautivado; en trozos, su hígado, en tortilla con huevas y hasta en adobo.  

No conozco mucho las tradiciones islámicas o las budistas, por ejemplo, pero me pregunto, ¿comerán los que la ofician igual de bien que los católicos?, ¿se verá bien como se ve bien por acá ofrecerle un mole al padre de la iglesia del pueblo? 

Ando con ganas de ir a Italia. Me echaría un viaje en el campo italiano desde luego, quiero ya les dije ser charcutera y quiero comer en Lido 84 en el lago de Garda, pero cerraría quizá ese viaje tomándome un Borgogno en La Pergola, un tres estrellas Michelin que hay en el Vaticano fuera de serie, con un vino que no sólo me hace sonreír, sino que es un Barolo que tendrá toda la vida un especial lugar en mi corazón. 

Entonces es cierto, cero padre nuestro y fiel creyente del pecado, en cambio, sí con una espiritualidad más trivial quizá leyendo las recetas de Scappi, interesada en la cava de vinos del Vaticano o coleccionando moldes viejos italianos de panna cotta. Ese es más bien mi paganismo. Más sabe el diablo por viejo, que por diablo.