Opinión

Bitácora del paladar: Lardo, la sonrisa franca

Lardo hace que los 15 minutos de espera, se olviden con facilidad; la mezcla de buen producto con una cocina bien ejecutada, es parte obligada de todo restaurante, sin embargo la suma del café, el pan y la sincronía del ambiente positivo, hacen del lugar un espacio para repetir con frecuencia
viernes, 9 de abril de 2021 · 01:40

La lista de espera es inusual en esta ciudad con tantas posibilidades para comer. Son pocos los lugares donde la espera sea mayor a 15 minutos y las reservas de un momento a otro hacen que el bullicio de la calle te haga sentir la vida de una ciudad que en ocasiones es prudente con el cubrebocas, pero que tiende a ser torpe en las playas, en las bodas y graduaciones donde la inmortalidad es parte del espejismo en plena pandemia

En la puerta de Lardo, restaurante en la Condesa, propiedad de la cocinera Elena Reygadas, nos hemos juntado mas de 30 desconocidos a la espera de una mesa. Todos traemos tapabocas excepto tres mujeres bronceadas que han llegado a pedir mesa presionando al anfitrión. Él  toma temperaturas, apunta en la lista y en ocasiones lleva agua a las mesas, también solicita ponerse el cubrebocas. Las tres mujeres atienden la petición. 

Ahí en esa puerta hay una larga lista de espera que con ansiedad desea comer un rol de guayaba, sin embargo, mi objetivo era otro. Sólo pasé por una ensaimada

Fueron 15 minutos de espera, y pasé a mi mesa junto a la ventana. Me senté de frente a la barra y busqué entender la magia del servicio que Lardo ejecuta todos los días. Mi primera comanda fue de un café con leche y mi pan originario de la cocina de Mallorca. Volteaba a ver las mesa de al lado, y me gustó la enorme alegría de los comensales. No existen rangos de edad este lugar; igual uno encuentra a las amigas de mi abuela que a enamorados de edad temprana. Todos los asistentes guardan una línea cercana en el vestir y las lenguas de ultramar se escuchan en las conversaciones. 

Bajo la vista y el suelo de madera con incrustaciones de cerámica me llevan a un piso de elegancia y buen gusto, volteo la vista y un espejo da amplitud al salón con toque clásico. Los platos son piezas de cerámica en tonos suaves, donde las flores de un solo color enmarcan mi ensaimada y me llevan de inmediato a un espacio de placer pleno. Creo que un pan con café en un escenario así, se disfruta mucho. 

La carta de alimentos es corta en el desayuno, pese a que usa completa una hoja de papel bien impresa. Hay una amplia gama de bebidas, cafés y una larga lista de panadería. 

El vals de la sala es arte y los platillos salen en la temperatura correcta, por lo que al ordenar mi desayuno, después de un buen café, la entrega fue rápida, lo que permitió el disfrute de una salsa roja, donde se posó un huevo bien cocinado y sin mayor compañía que dos pedazos de pan. 

Mi silencio era señal del disfrute, lo que me llevó a deslizar con suavidad el migajón en el plato, dejando limpio por completo la cerámica. Por cierto, vi a más de dos personas hacer lo mismo. 

Las voces de afuera eran parte del concierto interno y los comensales junto a la mesa, hacían un bonita escena de arte en un lugar donde la armonía es parte de la vida. 

Lardo hace que los 15 minutos de espera, se olviden con facilidad; la mezcla de buen producto con una cocina bien ejecutada, es parte obligada de todo restaurante, sin embargo la suma del café, el pan y la sincronía del ambiente positivo, hacen del lugar un espacio para repetir con frecuencia. 

La puerta llena con esa lista de espera, es ya parte de las tradición para el ingreso a Lardo, la cocina es rica y los minutos de guarda se compensan con facilidad. Aquí todo el personal, al igual que Elena, guardan la sonrisa franca. Es por ello, que bien vale la pena regresar.  

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