Ya lo dijo Agustín Lara, "Madrid, Madrid, Madrid, en México se piensa mucho en ti". Es que cómo me gusta. Comí sin cesar seis días en la ciudad de los gatos, vi cielos preciosos —unos nostálgicos, otros alegres—, y bebí muy buen vino.
Desayunar una rebanada de tortilla en La Primera, tomarse foto en la Puerta de Toledo, beber en Berria muchos, muchos vinos, comiendo alguito de ensaladilla rusa, de esa que me gusta y que Juan me cuenta, pensó Juanjo, se sirve ahí.
Pasear por el Prado, recorriendo la escuela española, la flamenca —El Jardín de las Delicias—, Tiziano, Tintoretto y culminar sentada en una banquita viendo pasar gente y entendiendo la vida, la ciudad, mi corazón latiendo.
Fundada por los árabes y conquistada en el siglo XI por los Austrias; los Borbones, siglos después, deciden embellecer la ciudad con esos edificios boyantes, el hierro forjado en las puertas que hoy albergan casas en donde se come muy, muy bien y se bebe cerveza desde la mañana, qué buenas costumbres.
Ya vi que quiero mi piso con balcón castizo y regar mis plantitas con solecito y café y, después de tomar un jugo de naranjas valencianas —el mejor jugo del mundo—, volver mucho con mi amigo Dabiz que, verdaderamente, ha perdido la cabeza y donde se come, se bebe, se respira creatividad y poder con algo de polvo de estrellas fosforescentes en boca. Mucho Dabiz.
Comí angulas de las que hay que cuidar mucho al comerlas, bebí cañitas, porque el tamaño sí importa. Sacha nuevamente me conmovió, es de las grandes mesas del mundo y vaya faena que nos montamos esa tarde, gracias David, Hugo, Pepe y Wero; mucho Borgoña, unas lentejas celestiales e historias de mujeres elegantes con hombres guapos generosos con su sonrisa y sus vinos.
Y me senté en Ugo Chan, que se cocina aparte. Él, su propuesta y sus carcajadas. Ya lo había sentido yo que me faltaba comer ahí, ya supe que es mío y que es de lo mío. Quiero mucho esa cocina, Hugo.
Así me comí Madrid, lo caminé para agarrar fuerza, compré aceites de oliva y vestiditos lindos soñando con que sucedían cenas inolvidables cantando: “y vas a ver lo que es canela fina y armar la tremolina cuando llegues a Madrid”.