Defino mis no negociables: consistencia, verdad –aunque no sea la mía o la comparta–, ritmo e intención.
Imaginen estar en un gran restaurante donde la carta está diseñada y trabajada con esmero, ojalá con inteligencia, y cada plato representa una parte de la vida. Finalmente, son elecciones ¿no?, Wagyu o pescadilla, Burdeos o Borgoña, dulce en un postre o en un abrazo, bailar con la más fea o con la más bonita, mineral o natural, todas son elecciones. Al definir tus no negociables eres, de alguna forma, el cocinero de tu propio menú. La consistencia, pienso, es la garantía de que, sin importar el plato, habrá una base que siempre será confiable. Importante. Por eso uno vuelve a los sitios que lo hicieron sentir bien, los what you see is what you get. Nada de gato por liebre.
La verdad, aunque a veces irreconocible o no compartida, en este melodrama de palabras, podría ser ese ingrediente secreto que transforma un plato ordinario en algo extraordinario. No siempre sabemos de dónde proviene, pero su presencia es inconfundible. Qué bonito eso. Tan bonito como las nubes que he visto, los azules del mar, un caldo que me sacó las lágrimas vertido en una copa hace unos días, sí, sensaciones a flor de piel y muchísimas ganas de sentir todo, todo el tiempo. Lo que sabe, lo que pruebo, las pruebas, la fuerza, sentir mi fuerza, honrarla.
El ritmo ahora. El ritmo se asemeja al tempo de un servicio bien sincronizado; como en una danza, cada paso y cada momento cuentan para que la experiencia sea fluida y placentera, para que no te pises los pies bailando, para bailar bonito. Finalmente, la intención, la poderosa intención. La intención es la esencia detrás de cada elección, la energía que se le pone a la conducta, a los hechos, a los actos de alimentar, de cuidar, de permanecer en la memoria, el propósito que da saborcito a la vida y guía nuestras acciones, como aquel cocinero apasionado que quiere dejar una huella indeleble en sus comensales. Adoro dejar huella.
Elegirse y elegir con cuidado lo que servimos en nuestra mesa personal—nuestros sueños, manos apretadas, comilonas, vibra y decisiones—hace que el camino no esté libre de obstáculos y derrapones pero sí esté trazado para disfrutar de una experiencia rica y significativa, donde cada elemento se entrelaza con sabores, miradas, un Pedro Ximénez, una historia, y todo, siempre, sea para celebrar la complejidad y belleza de vivir sintiendo a tope, es mi mantra del momento, sentir todo a tope.