Opinión

Confieso que he comido: Starstruck

¿Cuál fue mi sorpresa? Que en un salón, cerca de mí, se encontraban las figuras más emblemáticas del vino a nivel mundial

Confieso que he comido: Starstruck
Sophie Avernin Foto: Especial

Cuando alguien como yo se dedica al vino, es común ahorrar para viajar a grandes destinos culinarios, retar al sistema e ir donde ni siquiera hay una estrella más que en el cielo, y probarlo todo. Me apasiona mi trabajo y, sobre todo, sé que esa pasión me ha llevado a ser un líder de opinión importante. No vengo a presumir, sino a confesar que aún, después de más de 30 años dedicándome al vino, hay botellas, bocados y personas que aún me quitan el aliento y el habla. 

Hace poco viajé a Europa a un gran evento de vino, debo confesar que no estaba tan entusiasmada, no sabía qué esperar. Y, ¿cuál fue mi sorpresa? Que en un salón, cerca de mí, se encontraban las figuras más emblemáticas del vino a nivel mundial. 

Escritores que he leído desde el primer día que decidí dedicarme al mundo del vino. Libros que me hicieron enamorarme de mi oficio. Enólogos y enólogas increíbles. Ingenieros agrónomos que se obsesionan con los clones y la manera en la que se comporta la tierra. La palabra americana starstruck me quedó corta. No lo podía creer. Como niña en juguetería: paisajes y bocados de ensueño, vinos elaborados por personas que dejaron hace ya varias décadas este plano y nos dejaron estos testamentos de belleza pura. 

Sí, soy una nerd, una wine nerd y nada me gusta más que estar junto a alguien de mi especie. Que entienda cómo un pedazo de tronco me vuelve loca. El vino es mi pasión y por extensión la mesa. 

Durante tres días estuve con personas que acuñaron el vino como lo entendemos hoy, y lo más bello es que todos lo hacen con una humildad conmovedora: 150 personas catando sin una gota de perfume encima para no alterar los aromas en copa. Incluso, varias veces se fue la luz, y todos seguimos catando y tomando notas. 

Mi año empezó con una cepa francesa que no conocía, prosiguió con varias más. Conocí enólogos con micro bodegas, otros a la cabeza de grandes proyectos, la pasión es la misma. En cuanto la nariz entra en la copa, se crea un grillete con la tierra que difícilmente se puede romper. Ser sommelier, escritor, enólogo, ingeniero, promotor: el vino es un gran tema. Difícilmente nos pelearemos en una mesa con buenas botellas en ella. 

Que más personas descubran la belleza de las historias, la historia, el campo y la vida en una copa. ¡Salud!

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