Opinión

Nube Viajera: Azul cerúleo

Hacía mucho tiempo que no tenía días de prioritariamente pensamiento y mucha interiorización, de imaginar proyectos mientras explorábamos caminando

Nube Viajera: Azul cerúleo
Valentina Ortiz Monasterio Foto: Especial.

Las islas se formaron de actividad volcánica y no dejé de pensar en la escena de la lava incandescente ascendiendo en la superficie marina desde el centro de la tierra formando capas de roca. Los paisajes son lunares.

Puerto Ayora, segundo piso, ventanales en tres direcciones y en la orilla del mar. Ahí era mi guarida de mucha emoción y de mucha paz. El propósito del viaje inteligente (el profesional y el amoroso), y un crew inteligente (el profesional y el amoroso).

Hacía mucho tiempo que no tenía días, de prioritariamente  pensamiento y mucha interiorización, de imaginar proyectos mientras explorábamos caminando en silencio el cráter de un volcán sobre un camino de naranjas; de acomodar vida mientras nadábamos entre tiburones martillo; de sentir que “es por aquí”. 

1000 kilómetros de distancia del contintente, entre 1°40'N y 1°36'S de latitud y 89°16'O y 92°01'O de longitud, archipiélago de Galápagos, Ecuador, y me centré en los colores.

Los verdes tan increíblemente vivos de las zonas altas de las islas en donde la precipitación es casi permanente, verdes algunos pardos pero únicos y otros casi fosforescentes. Inolvidable, el verde esmeralda del canal de Itabaca que despacito cruzamos en panga atiborrados de sueños, de maletas y de ganas de ver qué nos depararía el destino. Y el “verde”, como le llaman los locales al plátano inmaduro con más almidón que azúcar y que baila de forma permanente en la mesa ecuatoriana con maníes, ceviches, guisos y chulpi (me encanta).

Los colores y matices (¿se puede decir así?) de negro. Desembarcar en zodiac rodeando las costas y trepar entre capas de roca negra con formaciones inverosímiles fue todo un viaje. Les vi formas de caparazones de tortuga de esas endémicas pero parecen sacados de la prehistoria, de dragón, de pico de pájaro y yacen ahí, muy viejas y muy vivas con iguanas marinas sobre ellas, cientos, negras igualmente, en un ejercicio de mimetización también como de otro planeta. Negro grafito, negro perla, negro acero, negro ébano, negro carbón, negro ajeno.

Y azul, porque Galápagos es azul. El azul extrañísimo de las patas del pájaro bobo de patas azules, color característico de los piqueros adultos, sanos y que han comido una dieta rica en pigmentos carotenoides provenientes del pescado. El azul de la economía que se sueña respetuosa con el mar; el azul de ese océano y esos cielos darwinianos en donde las nubes flotan sobre un mar azul de sueños, escribiendo historias en el cielo. Ese azul que ya está en mi memoria para siempre. 

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