Estuve mucho en el mar y aunque no me sumergí, lo sentí y me sintió. Los primeros 10 años de Arca se celebraron con cariños de hace mucho y se sintió rico. Y bueno, esa cocina, el equipo ya lo sabe, a mí me pone la piel chinita.
Visité territorio Belmond Maroma por segunda ocasión y me imaginé un millón de posibilidades que ya compartí con él, que es el capitán de ese barco que claramente navega firme y decisorio, me encanta estar ahí y confieso que cené -de nuevo- en Woodend de Curtis Stone y quedé muy impresionada, conocen a su público, la carta es inteligente y sabrosa, qué más puede pedir un restaurante, se come rico y se está rico. Y ese pan, ese pan.
He sido muy mamá estos días y eso me llena de satisfacción. Multitasking siempre, juntas planeando con amigos viajes con desconocidos a Ribera del Duero, armando tuppers para comer sanito y bonito con mi papá en momentos en donde uno necesita ese abrazo a través de la panza, mi descendencia que se va, que llega, que me necesita, que avisa, y eso me llena de amor. Siempre para ustedes caldito de pollo, tacos de sal, spaguetti rosa y milanesas que saben a “te entiendo”, siempre. Me urge un menú así a mí.
Desde el lunes quise un Martini, a veces no es lo duro sino lo tupido. Por amor también moví tantito un viaje para ir a ver a Pía a Lima, le tengo tantas ganas a repetir Kjolle, le tengo tantas ganas a que los cocineros se vuelvan militantes de las mujeres, le tengo tantas ganas a nunca más escuchar que detrás de un gran hombre hay una gran mujer, porque detrás de nosotras, hay una lucha que ya se ve mal que siga existiendo. A ver si se animan, ésto es de todos y es con ellos, no contra ellos.
Lunes mal comí el tartar en Au Pied de Cochon -que me encanta-, pero estaba asustada. Martes comí un bolillo para el susto. Miércoles fruta y unos tacos en el Turix. Jueves sopa de pasta y tostadas solicitadas explícitamente hace meses por esa persona con la que lloré y que vuelve a hacer que este castillo esté completo. Bienvenida. Hacia el final de la semana poco restaurante, mucho producto y comer bajo los árboles de mi jardín, estar presente, observar y dar gracias a la vida. Pendientes: agendar comida con Vallejo en Quintonil -que trae la primera puesta hace ya un rato-, organizar mis cubiertos, comprar un tapete y sonreír mucho pues lo más bonito de la vida, lo tengo bien cerquita. Buen provecho.