Es lejísimos sí, pero en Gurruchaga me muevo cómoda, en mi piel, tengo juguito verde de temporada del Olimpo y en secreto, mi energía matutina y medicina espiritual y, además, hay un supercito en donde compro fruta y cigarros y les cae en gracia que puedo pagar con American Express. Es lejísimos pero puedo salir a correr al jardín botánico y hasta colarme a alguna clase de tai chi para agarrar el mejor ánimo para pasear nuevos amigos por las mesas de Buenos Aires y, además, tomarme algo, diario en la barra de El Prefe en donde me gusta ver gente y tratar de emular su tortilla de patatas.
Es lejísimos, pero adoro pasear por el MALBA, ya me sé sus banquitas, estudio las exposiciones temporales y después de recorrer y comprar lo más que pueda de publicaciones y cositas en su tienda, caminar a Casa Cavia y tomarme una copa de vino blanco, ojalá patagónico sin mucha barrica, ojalá de Salta de velo, ojalá sola, ojalá no. Y sentarme en el parquecito. Es lejísimos pero me gusta mucho caminar la capital de Argentina. Sí, allá por donde Juan Gaffuri y su casa en ese hotel que me gusta; sí, también por las zapaterías alrededor de la Embajada de Francia; sí también por el que los amigos ya hicieron mi barrio, Palermo. Me he reído con mi papá, con Leandro, con Lulú, con Gabriel, con nombrables e innombrables, tanta cosa que he hecho, deshecho, confabulado, entendido y agradecido a la ciudad de Buenos Aires.
Sí, es lejísimos decíamos mi cómplice y yo en el avión, pero vale todo la pena, viene la Navidad y además, Argentina siempre es un trampolín de chamba, de amor, de amigos, de futuro, de contagio, auguro cosa muy buena. Y no Pablo, tú y yo lo sabemos, nada que se vea desde el trampolín, siempre bien cubiertos de agua.
Si, es lejísimos, pero me gusta comerme Buenos Aires y esta vez, me emociona conocer un par de lugarcitos que no tengo el placer y que espero hagan eso, dar placer. Entiéndanme cocineros si pongo caras, se me nota todo y si no pregúntenle a Guido Tassi.
Sí, es lejísimos pero voy a cerrar un año gigante de trabajo y abrir un año gigante de proyectos y vidas. Dan ganas de abrir ciclos, cerrar otros, tirar a la basura la basura y abrir la mirada a lo que espiritualmente nos haga bien, se coma, se beba, se sienta, se mime o se mire. Vengo con hambre y sed de inteligencia, estrategia, conversaciones, abrazos y veo que mi bola de cristal es brújula, apunta por acá, y está siendo cada vez más clara. Hagan sus apuestas señores.
Sí, es lejísimos, pero lejísimos es la luna y la miramos, lejísimos me queda Tijuana y me la gozo, lejísimos es cenar en Salzburgo y ahí vamos de necios, sí, estoy en Buenos Aires y como París, bien vale una misa.