Salí de mi isla porque a veces necesito que una ciudad me despierte. Nueva York tiene esa habilidad de tomarte por sorpresa, de empujarme un poco (o un mucho) y recordarme que sigo vivo. Llegué sin plan, con ganas de caminar, de comer bien y de sentir algo distinto al silencio perfecto del Caribe.
Majo fue quien me dijo que tenía que ir a Cuerno. Ella, que además de tener una voz preciosa, tiene un gusto extraordinario para la buena mesa. Así que una tarde todavía amable, antes de que el frío se pusiera serio, fui con mi cuasi hermana Begoña.
Begoña es de esas amigas que viven la ciudad desde otra frecuencia. Camina rápido pero piensa despacio, observa cosas que a mí se me escapan, y tiene esta manera de movernos por las calles que le recuerdan a sus días de vivir en la gran manzana. Viajar con ella me acomoda. No sé si es su conversación o su presencia, pero todo se vuelve mejor.
Llegamos a Cuerno así, sin expectativas, sólo curiosidad. Y me dio gusto porque a Nueva York están llegando mexicanos que lo hacen muy bien, con trabajo real, con técnica y sin ruido innecesario. Cuerno es parte de esa ola. No intenta copiar los sabores del norte de México. Lo recuerda, lo interpreta y lo honra a través del fuego.
Me quedé con la sensación de que ahí el tiempo camina distinto. Pedimos tortillas calientes, salsas vivas, carne que llegó con ese aroma que te obliga a quedarte calladito un segundo. También pedimos algo fresco, porque cuando la brasa domina yo siempre necesito contraste. Aplica para todo. Lo que se me quedó no fue un plato. Fue la intención. Esa honestidad que aparece cuando la cocina se hace con memoria, y como dirían en la madre patria: con mucho arte. Querían contar algo. Y así lo sentí yo.
Salimos cuando la ciudad ya estaba cambiando de ánimo. Caminamos un rato en ese silencio cómodo que sólo existe con poquitas personas. Pensaba en lo raro que es buscar calma en un lugar que no conoce la calma. Pero a veces funciona así. En un momento aparece una mesa que no esperabas, entre los ruidos de las ambulancias, en la recomendación de una amiga que nunca falla.
Nueva York te empuja. Cuerno te contiene, sobre todo si tienes tiempo sin estar en casa. Y en ese equilibrio encontré justo lo que necesitaba.
Buen provecho.