Opinión

Nube viajera: De números, cuchillos y estrellas

Vuelve esa época del año en donde, desde mi mecedora con Borgoña en mano, comienzo a escuchar las críticas, las envidias, los celos, la furia, la gloria

Nube viajera: De números, cuchillos y estrellas
Valentina Ortiz Monasterio Foto: Especial

La culpa no es del indio, sino del que lo hace compadre. Por favor, que nadie se encienda, sin ofensas, así se dice en mi país y se ha dicho siempre, país de amor y respeto, de refranes populares, país indígena, país de humor y país de compadres, no hay connotaciones despectivas ¿ok? Otra forma de decirlo, ¿fue el huevo o la gallina?, que es lo mismo que decir que tanto peca el que mata la vaca como el que le agarra la pata. Doy contexto de en qué ando piense y piense. Si, a mí no me gustan los resultados de los gloriosos rankings de restaurantes pero participo en ellos, ¿es bien o es mal?; si a los cocineros no les placen los criterios de selección de unos que no los favorecen pero sí de otros que sí lo hacen (léase reciente ejemplo), ¿tiene valor el juicio?; si no se sabe y se entiende que hay de destinos a destinos gastronómicos y hay de patrimonios a patrimonios gastronómicos y es la historia de la humanidad, ¿se vale encenderse? No por ser oaxaqueño o chileno eres buen cocinero, lo eres por otras razones.

Vuelve esa época del año en donde, desde mi mecedora con Borgoña (nuestro) en mano, comienzo a escuchar las críticas, las envidias, los celos, la furia, la gloria, la satisfacción, y pocos, muy pocos, hablamos de que este mundito de las famosas listas es sólo un juego -todas las listas-, en el que se juega limpio y sucio, cada quien su educación y trayectoria, pero debe ser un juego lúdico que abone sobre el orgullo de un país, el mercadeo de un restaurante y su éxito en términos de ingresos y comensales, y no sobre el tamaño del ego que, al final, y me incluyo, sólo es una máscara mental que mal protege de inseguridades.

Pienso también, insiste en propuestas gastronómicas con cero puntos débiles Valentina, cero. Que no te importe ser detractora de los restaurantes sólo con buena vibra; que no te confunda que no necesitas patrimonio histórico para un resultado impecable en un plato; insiste en la coherencia y la ejecución y, -de ésta última es de la que menos duda tengo-, no importa si me caen bien o si fueron amigables o si cuentan una preciosa historia y son geniales contando un cuento, sabe muy bien, está bien hecho y es congruente o no. Punto.

¿Me siento identificada con todos los votantes o inspectores de estas listas? no, y eso me va decantando en un camino recorrido llenísimo de logros pero claramente finito. ¿Me siento orgullosa de ser partícipe de la promoción de mi país a través de un macro mecanismo de poder suave? inmensamente, cada vez nos va mejor y lo que falta. ¿Me gusta lo que veo en mi bola de cristal de los resultados que en unos días aparecerán en mi región? sí y no, se me nota mi vieja escuela, se me nota que no me gusta comer caricaturas, pero no estamos acá para caer bien, sino para trabajar duro y ser un vagón más de esta locomotora poderosa que se llama cocina. Alimenta, nutre, hace país. ¿Un consejo no pedido? si eres cocinero arrímate a los mejores cocineros, el que con lobos anda, a aullar se enseña.

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