Opinión

Nube Viajera: Gracias a la vida

El sábado me tomé unas cubas en mi sala, yo conmigo, deliciosas, me gusta mucho echarme en el sillón, acomodar las Barcelona, ver la foto de Pablo, el mueble de bar de Pilar Climent, el Friedeberg, y el esqueleto de rana
viernes, 28 de junio de 2024 · 06:05

Hice curry para Lu y me hace feliz cocinarles. Que mi casa sea un espacio de amigos, de energía linda, de cocina, de cosas bonitas. 

Así la diseñé cuando la encontré hace no mucho. ¿Vas a vivir acá Valentina?, con dudas me dijo mi mamá. Es un espacio creado para mí, y quien la hizo en 1920 me conoció en vidas pasadas. 

Me gusta mucho la luz de mi casa, me siento protegida en ella y con ella.  Paso mucho tiempo en el estudio viendo mis libros, acomodándolos, acordándome de ese con tan linda dedicatoria del restaurante El Mercado de Rafa Osterling, viendo junto a cuáles pongo y por qué el nuevo viejo libro de Micha, además del catálogo de la exposición de Jan Hendrix que me enseñó que no todos los que deambulan están perdidos. 

El sábado me tomé unas cubas en mi sala, yo conmigo, deliciosas, me gusta mucho echarme en el sillón, acomodar las Barcelona, ver la foto de Pablo, el mueble de bar de Pilar Climent, el Friedeberg, y el esqueleto de rana. Me acordé que tengo que comprar otro capelo, y que me gustan mucho los relojes de arena. Anoto pendientes. 

Disfruto muchísimo acomodar mis platos y mis cubiertos. Treinta años de colección se dicen fácil. Ya recuperé los de Gorky que rompí, mi vajilla inglesa Mason se ve cada día más actual, y aunque la ardilla haya roto dos tazas, sigue alcanzándome para darle de comer a veinte. Tengo que diseñar un buen mueble para mis cubiertos, la verdad merece más que el que tienen. Cajones forrados de terciopelo verde seguramente escogería, y, muy importante, un cajón largo para los cubiertos para servir. Otro recordatorio, necesito mis pinzas para cangrejo, usadas, viejas y llenas de buena vibra. Y así comer con Roberto esas manitas que me dio generoso e inteligente como es en Progreso. Ya quiero volver. Lástima que los colegas de Michelin no pisaron esas tierras, marcianos serán, dice con razón Rulo. 

A veces me siento a ver mis árboles, son gigantes y me cuidan. Ahí escucho a las ranas, a los patos, a las hojas que se mueven por el viento. Y ahí es hermoso ver llover. 

Me contaron que tienen una máquina de café para mí, el tiempo pasa si, ojalá, ojalá suceda. En todo caso, ya tiene espacio en el pantry, o yo de forma invisible en donde finalmente acabe acomodándose. Voy a comprar una paella, también para un arroz que no me hicieron, voy a robarle a mi papá de una vez por todas la vajilla china de mi abuela, voy a terminar de escribir el libro para las niñas. 

Así mi casa, con el mejor caldo de pollo del mundo, con formas de castillo de princesas, con luz, con risas, con verde, con platos, con sabor. Y mía.