Opinión

Nube Viajera: Jazmines en mi casa

Así estos días llenos de luz y de calor inmensamente necesarios en mi vida. Mis naranjitas florecieron y sentarme ahí, en ese solecito que me gusta, a sentir el aroma a jazmín
viernes, 15 de marzo de 2024 · 06:04

Me nutren tantísimo los días de amor. Amor por mi país, amor de los míos el fin de semana; amor de mis otros míos comiendo una lobina en un juguito de naranja, hinojo, poro, cherry y un cuasi garum de pescado; amor de mi mamá caminando entre ceibas; amor de vinos; amor de amores viejos; amor, pues.

Así estos días llenos de luz y de calor inmensamente necesarios en mi vida. Mis naranjitas florecieron y sentarme ahí, en ese solecito que me gusta, a sentir el aroma a jazmín y analizar lo blaquísimo de esas flores, me hace bien, en todos los sentidos. El jazmín purifica, llevo usando el mismo perfume desde hace 35 años, -Olene de Dyptique-, y de verdad, purifica. Glicinas, narciso, jazmín y madreselva, es que nada puede salir mal.

Estos días curiosamente y de forma aleatoria he pensado, conversado y sentido Singapur. Sí, hasta allá. Chef Julien, me muero por ir a Odette, siento que me va a gustar muchísimo.

Observé detenidamente hace unos días sus manos y tiene movimientos delicados como creo que es su cocina y su versión del
chicken rice. Debería ir la semana que entra.

Y, en otras geografías, pero también conversando y sintiendo Singapur, me comí los mejores noodles con curry y coco, no fue caldo de pollo pero sí fue para el alma. El pescado al vapor así con dashi, soya, cilantro fresco, prodigioso Annie y Mario, el restaurante está en un momentazo, el menú prodigioso, el sitio físicamente le va a la vibra, un Pouilly Fuisse raro, pero que me fue ganando. Y seguían los aromas, arroz jazmín, lemongrass, herbal, flores blancas, así huele la cocina de Makan, a flores floreciendo.

Quisiera tener camelias blancas en mi casa, quizá un día comérmelas, pero días como algunos de estos requieren de amuletos poderosos para que las cosas salgan bien y, aunque escéptica soy, siento que las flores blancas me están enviando mensajes. Me compré rosas blancas, de Castilla, divinas, y pensé que ya quiero ir a pasear con Mariana por el XVI, meternos a boutiques, tomar martinis y comer en Allard. Bichos raros somos ya concluimos, pero nuestro amor además de único, es un amor infinito.

Y así, llena de flores, sigue uno caminando y con sonrisa y agradecimiento. Frida y Diego en Buenos Aires, caminatas por El Retiro, un tren al Puerto de Santa María, mis montañas en mi pueblo, aromas a jazmín, las flores del par de manzanos de mi jardín que están por brotar. Con eso tengo.

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