Opinión

Nube Viajera: Viendo el mar

Me gusta cuando los sitios tienen una historia que contar. Ese es el Distrito limeño de Barranco...
viernes, 19 de enero de 2024 · 01:33

Tiene su lado hipster, pero en el origen y la profundidad, y aún hoy, está cargado de contenido y le creo, a la zona le creo. Me gusta cuando los sitios tienen una historia que contar. Ese es el Distrito limeño de Barranco, donde vengo caminando hace días, jalada por el mar esté tan raro a la mirada que tienen en Perú, por las casas con balcones de madera que me gusta analizar, y por ser una micro capital de la gastronomía, dentro de otra capital de la gastronomía. Porque acá está pasando mucho. 

Barranco nació como un sitio de pescadores y la leyenda popular dice que erigieron la Iglesia de la Ermita después de que algunos de estos hombres que confiaban su suerte y angustias y a Dios, perdidos en el mar caótico y nublado de la zona, a lo lejos vieron una luz que los llevó de nuevo a buen puerto. Y porque hay que agradecer, construyen esa iglesia a un lado del puente de los suspiros, ese de Chabuca, donde una vez sentadita dije, va, lo elijo. 

Pienso en Mérida cuando camino, a veces en Cartagena, lo cierto es que las cafeterías de especialidad, las librerías, las galerías de arte y, desde luego los restaurantes, vibran y vibran lindo. Fui ya una vez a Siete en este viaje y pienso volver. Ricardo me gusta mucho y probé -junto con el nigiri de Micha-, las mejores lenguas de erizo que jamás había probado. Fui a Mérito y me sorprendió. De nuevo, la casa, la estética, ciertos aires nórdicos, pero con corazón peruano que por ahí se respira y una muy buena cocina. Y capítulo aparte merece siempre para mi Kjolle. Qué bárbara Pía, el restaurante brilla como nunca, tiene un halo de luz (ocre como lo que ahí sucede), que trasciende a su vecino de abajo y sí, es cierto que pierdo objetividad cuando quiero, pero acá se vale, porque Kjolle es un restaurante como no existen en el mundo. Y me gusta muchísimo haber vuelto.

Caminar Barranco y sus concept stores, la artesanía de Las Pallas que me sugirió Rocío -ella de Troppo que me encanta como me gustó el panecito de Lila Dasso que mandó el jueves con un beso al cuarto-, los murales, las paredes, los mosaicos, los carritos de Inka Kola y de helados, los árboles con flores. Acá se vive bonito. 

Sigo hojeando textos e imágenes que nos entregaron al culminar el menú de Kjolle. Muchos tubérculos, olluco, papa, ccaja. Una langosta que me sedujo, con coco, cecina y membrillo y ese pan, con infusión de flores brillantes y, además, escoltado por una puesta en escena en mesa, porque eso es lo que sucede, lindísima y muy inteligente. Insisto, cuando no me vean me vuelvo a robar otra cucharita de esas que servía uchucuta, una salsita que, como cucharita, me hizo sonreír. Larga vida a Kjolle, y, que siga siendo mágico, con una propuesta de cocina muy personal que lo dice todo de ella y, por qué no, que sea referencia de copiones, porque este sitio barranquino es de clase mundial, y vaya que lo hace bien. 

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