Opinión

A pedir de boca: Recetas de un año

La vida es una cocinera generosa, nos ofrece un menú amplio. Hay platos que nos reconfortan y otros que desafían nuestro paladar
viernes, 22 de septiembre de 2023 · 01:00

El 2023 ha fluido ante nosotros como un río que se desliza sin cesar. Han sido meses de transformación, donde los sabores de la vida se han entrelazado en una cena de varios tiempos, divididas como experiencias que han sacudido mi existencia de comensal. 

El fin del verano llegó como brisa melancólica que me recordó que todas las cosas, incluso las más queridas, tienen su final. Fue momento de levantarse de mesas en las que había compartido festines durante años. Cada silla vacía, cada plato recogido, resonaba como un eco de momentos pasados, dejando un sabor agridulce en mi boca. 

La cocina y la mesa, en su infinita sabiduría, se revelan como analogías perfectas de la experiencia de vivir. En cada plato, encuentro un reflejo de las decisiones que tomé, algunas tan familiares como las recetas de mis abuelas y otras tan arriesgadas como una fusión culinaria audaz, de esas que no a todos nos gustan a primera cucharada. Cada tiempo es un recordatorio de que la receta que habitamos está hecha de elecciones, algunas inesperadas, ásperas y complejas. 

La vida es una cocinera generosa, nos ofrece un menú amplio. Hay platos que nos reconfortan y otros que desafían nuestro paladar. Así como en las cocinas se mezclan ingredientes para crear una obra culinaria, nosotros combinamos momentos, personas y circunstancias para tejer el tapiz de nuestra realidad. 

En las mesas descubrimos que el existir es más bien una mezcla misteriosa de sabores y emociones. Los cambios pueden ser como ingredientes nuevos en una receta conocida: nos desafían, nos hacen crecer, nos muestran que la vida es una aventura en constante evolución de la cual aún no sabemos nada. Por mucho que nosotros pensemos que sí. 

Mientras el año sigue su curso, estoy agradecido por todos los sabores y experiencias que ha traído consigo, incluso aquellos que han sido difíciles de digerir. 

Al final, la cocina y la mesa son más que analogías; son un reflejo de nuestra propia historia, un recordatorio de que la vida es una invitación a probar lo inesperado, y que vale la pena saborear en cada bocado, sin prejuicios. Que todos salgamos de este ciclo con más recetas bajo el brazo, más abiertos a nuevos sabores y sin resistir lecciones que necesitamos aprender al fuego de un año, aunque a veces la tristeza de la sal en nuestras lagrimas nos haga pensar que vamos perder la sazón. 

¡Buen provecho y buena vida! 

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