Opinión

Nube Viajera: F.O.M.

Su cumpleaños número 100 fue el domingo pasado. La emoción de su segundo hijo -no hablemos ahora de preferencias- era contagiosa y también emocionante y me comenzó a enviar fotos de la mesa puesta, desde un día antes. 
viernes, 28 de julio de 2023 · 01:00

Su cumpleaños número 100 fue el domingo pasado. La emoción de su segundo hijo -no hablemos ahora de preferencias- era contagiosa y también emocionante y me comenzó a enviar fotos de la mesa puesta, desde un día antes. 

El doctor fue un ser humano excepcional, semidios para muchos, parco para otros, increíblemente protector y cariñoso con sus nietas mujeres y una figura inolvidable y que marcó a sus bisnietas, también mujeres. 

Y como en esta familia somos de ritos, comenzó el propio. Vino argentino -Cabernet Sauvignon no se por qué habiendo Burdeos-, pues le gustaba esa etiqueta, gorditas de nata para botanear y champagne, que sobrara el champagne. ¿Cual es la receta exacta de la ensalada de Pollito? me preguntó mi padre, líder espiritual, organizador y anfitrión de la tertulia. Aceite de oliva y de girasol en partes iguales, y tiene que ser romana partida con cuchillo en cuadros como de tres por tres, le dije con todos sus demás ingredientes. No hubo queso de puerco para tomar con Hornitos reposado -como solía hacerse en la calle de Magnolia-, pero hubo un amor infinito, relatos, cagues de risa, y, de nuevo, mucho vino y champagne. 

Había nacido ese día hacía cien años y había sido padre de ocho, mi abuelo y de una veintena más, bisabuelo, bon vivant, maestro eterno, sibarita, seductor, científico y apasionado por las cosas bellas. Me llevó por primera vez a un tres estrellas en París muy niña, me llamaba Caralampia y me enseñó que la vida interesante es la que está balanceada entre lo profundo, la emoción y la estética. 

El menú de esa tribu de domingo, de edades diversas, intereses afines y no, y todos unidos por los genes y por el amor, lo diseñó mi padre. Valentina tú prepara el fideo seco que le encantaba a Cacazo -así le llamamos siempre a mi abuelo-, y asegúrate de traer chile guajllo seco para la mesa, crocantito. De segundo tiempo un filete de res como nos enseñó a hacerlo mi abuela, a la plancha, pocos minutos por lado, rojo y al tiempo. En la mesa además, mostaza, la famosa ensalada con su inigualable vinagreta -me pregunto quién se quedó con esa ensaladera con filo de plata-, papitas cambray salteadas y una de las vajillas chinas más bonitas qué hay, por haberla escogido mi abuela, y porque era de ellos. 

Somos gregarios y nos encanta el borlote pensaba mientras una de mis hijas repartía camisetas con el Ortiz Monasterio en el pecho y tazas como de convención de cirujanos, pero con el escudo heráldico, haciendo homenaje al mejor de ellos, a FOM. 

Ate con queso de postre y un corazón llenísimo de amor y de ejemplo como petit fours. Festejar la vida y celebrar la muerte, como él mismo nos enseñó muriendo. Beber vino, vitorear el ateísmo y cantar “la dicha es mucha”. Gracias FOM.

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