Opinión

A pedir de boca: A tu salud

Una de las pocas reglas que tengo en mi vida, es que nunca de los nunca bebo cuando estoy triste
viernes, 30 de septiembre de 2022 · 01:50

El Día Mundial de la Salud Mental está a la vuelta de la esquina, y no dejo de pensar que de un tiempo hacia acá, entre mesas de restaurantes, barras, cafés y hasta en clases de Síclo, he escuchado más o menos la siguiente línea: estoy triste/estresado/preocupado, me urge un vinito. Línea que me he soplado en conversaciones propias o contiguas —tengo el defecto de escuchar los murmullos ajenos—.

Les doy la mejor recomendación sobre qué vino buscar: NINGUNO

A muchos tal vez no les guste la idea de negarse una buena copa en un momento de estrés. No es lo que esperan de una persona cuya vida parece, según Instagram, que se trata de un loop infinito de clases de spinning, martinis, copas de vino y pasteles (lo prometo, hay mucho más que eso), pero es la recomendación que merece ser escuchada aunque casi siempre se pierda en las conversaciones. Así que aquí estoy hoy: poniéndolo en blanco y negro.

Una de las pocas reglas que tengo en mi vida, es que nunca de los nunca bebo cuando estoy triste. Es cierto que a veces bebo y luego me pongo triste, pero eso es porque el alcohol es un depresor: solo te hará sentir más triste. Y aunque estoy a favor de un buen llanto catártico, no debes hacerlo con alcohol. Es mejor hacerlo en terapia, con tus seres queridos o viendo un capítulo de Grey’s Anatomy.

Abrir una botella para escapar de emociones, es un mal hábito que ha sido normalizado como cool por todos: desde Winston Churchill hasta Carrie Bradshaw en Sex & the City. Es un hábito en el que es muy fácil caer y muy difícil salir. Siempre comienza como una copita de Chardonnay para lidiar con algo, hasta que se convierte en una botella de Cabernet para lidiar con todo.

El vino es alegría. En mi vida una de las alegrías más grandes. Es como la gastronomía, la música o el arte. Deleites increíbles que podemos disfrutar y devorar. Sin embargo, sí tomas vino porque estás triste, comienzas a asociarlo con ese sentimiento. Le quita al vino su capacidad para llevarte a lugares donde nunca has estado, para traerte recuerdos que amas o para estar presente en el momento que estás creando mientras lo tomas. Por eso nos encanta tanto. Porque es transportador, delicioso y une a las personas. Siempre debería estar asociado con estas cosas. Toma vino para celebrar la vida, no para lidiar con la pérdida, la ansiedad o la tristeza. Que tu siguiente copa sea a tu salud.