Opinión

A pedir de boca: La receta de la vida

La gastronomía vive en el tiempo y nos recuerda que las mejores historias se cocinan a fuego lento
viernes, 8 de julio de 2022 · 01:18

Siempre me ha parecido muy curioso el papel que juegan los sentidos en la memoria. Los olores y sabores que nos remontan a momentos felices, importantes, tristes… a tierras lejanas que ya no recordábamos, o que incluso nunca hemos visitado más que en la imaginación, los libros, el cine o en alguna revista de decoración. Sesgos a los que nos aferramos con nostalgia y añoranza disfrazadas de amor.

Esta semana fue mi cumpleaños 28, mi regalo fue volver a ser niño, el tiempo abrió su capa en mi memoria y me obsequió la oportunidad de regresar a cuando la vida era más simple, más fácil y tal vez más feliz: el panqué marmoleado de mi mamá, las galletas horneadas por mi tía, la cena en el restaurante de tradición y memorias de cuando mi abuela me llevaba al súper con ella, después a ver las vitrinas deliciosas del extinto Trico, para finalmente, rematar con su exprés cortado (como ella lo pedía) en el Café San Jerónimo o en La Gran Vía, ambos olvidados un poco más cada vez que la tierra le da la vuelta al sol. Recuerdos que aunque felices, me llenaron los ojos de remembranzas en forma de sal.

No cabe duda que los cumpleaños se van haciendo de más sabores al pasar del tiempo, no me imagino otra manera de celebrar el derrape de doce meses más que disfrutando de esos tacos de Pato Pekín y salsa de ciruela en el Hunan de Reforma, sabores de otra época que año con año en lo personal me recuerdan -en compañía de de una margarita- que el tiempo es una reducción, una salsa que se espesa para cubrirnos un poco más cada día en el sabor de la vida, acompañada con la expectativa de lo que el futuro depara: el tiempo y sus múltiples caras, olores y sabores. Juventud que a fuego bajo se reduce en experiencia, segundos de sal y azúcar que se mezclan con todo lo demás para repartir tropezones crocantes al día a día.

Y así, con los recuerdos es que se escribe la receta de vivir, con ingredientes que ha tomado varias primaveras cosechar y cocinado al fuego del presente, permitiéndonos cada mañana rectificar la sazón, sin olvidar que el reloj no detiene su marcha y recordándonos que todos tenemos que cocinar nuestra historia al son de su tic-tac, tic-tac.