Opinión

Nube Viajera: Un paseo caribeño

Me hace muy feliz cuando un restaurante me gusta a la primera. Fuego y brasas como columna vertebral en ese calorón selvático
viernes, 29 de abril de 2022 · 02:00

Nunca me ha gustado disfrazarme, me parece ocioso, y ahí todos, todas, todes, portan atuendo especial. Es un lugar que no combina con nuestros muebles, diría mi abuela, pero sí logras abstraerte y olvidar que además es un destino que no respeta el silencio; el mar es maravilloso y, con suerte, coadyuva a curar algunas heriditas.

Contra todo pronóstico, llegué a Tulum. Siento que debimos irnos caminando a la cena para con detalle analizar disfraces y la curiosa práctica de ponerse diamantitos en la cara (¿poor?), pero íbamos con prisa y con hambre. 

Y así, con una puesta en escena bien diseñada y en look selvático muy bien logrado, llegué a Arca Tulum, un restaurante  al que le debía visita hace tiempo. Que tu primera experiencia laboral haya sido con Grant Achatz significa muchas cosas. Alinea no es una cocina de las que me gusta, pero la escuela es poderosa. José Luis Hinostroza usa pantaloncitos ajustaditos y camina como dos cocineros que también quiero, como cargando sandías bajo los brazos. Es cariñoso y nos emocionamos mucho juntos, mirándonos a los ojitos, cuando probé ese caracol parrillado, con aguachile de tomatillo fermentado, aceite de cebollín y aguacate tatemado. 

Chingón.

Me hace muy feliz cuando un restaurante me gusta a la primera. Fuego y brasas como columna vertebral en ese calorón selvático. 

Muchas influencias que fueron desdoblándose apenas inició la conversación navegando un Caribe azul turquesa mientras pelábamos camarones campechanos más grandes que mi mano -y elegantísimamente dulces- y comíamos un pan con alguna cosa verde que le puso y una langosta de sueño. La escuela de los fermentos se le nota, y le hace muy bien a su cocina, -inolvidable ese vinagre de plátano macho y un chile manzano fermentado-. Lo taquero también se le nota, y aunque quiso venderme que su cocina no era fine dining, y lo corregí, sí se siente su homenaje a ese México que aunque californiano de nacimiento, -y a veces con acentito-, le corre por las venas y lo tiene tatuado en su discurso. Y le creo.

Entiende a su público muy, muy bien y eso señores, no es denominador común entre cocineros. Se lo celebro. Y celebro también no solo su palpable talento, sino que es un tipo desenfadado, qué rico es cocinar bien pero también qué rico es ser relajado. Culmino este texto, y con ello me voy a meter en problemas (como si fuera novedad), citando un gran título de una nota muy bien pensada en The New York Times hablando de un nuevo restaurante de Ignacio Mattos, ¿Is Lodi too good for Rockefeller Center?. La misma pregunta formularía para Arca y Tulum.