Opinión

Nube Viajera: Él cocina, yo como

Si no fuera porque no me gusta y no le gusto diría que es el hombre de mi vida. Culto, inteligente, muy alto, rebelde, necio, elegante e incendiario. Amor, aunque particular, a primera vista diría yo
viernes, 4 de marzo de 2022 · 00:00

Me emociona mucho encontrar a alguien que coma más o menos igual que yo. 

Si no fuera porque no me gusta y no le gusto diría que es el hombre de mi vida. Culto, inteligente, muy alto, rebelde, necio, elegante e incendiario. Amor, aunque particular, a primera vista diría yo. 

Me emocionó mi primera cita con él. Un vino blanco con la temperatura perfecta, una casa por la que circulaba buen viento yucateco, conversación inteligente y todo el poder de la seducción que otorga que un hombre me cocine y se emocione en hacerlo. Sentí de todo, imaginé espacios, proyectos, necesitaba algo así. Tarde perfecta, cielo azul, él, yo, y su esposo. Tanto mejor.

En mi declaración de amor le ofrecí ya llevarlo a mis lugares. Me hablaba de los suyos en San Francisco,  Nueva York, de las experiencias en Bangkok, de lo terrible que es comer comida con puntitos de colores. Me sigue poniendo la piel chinita escuchar a un hombre inteligente y darme cuenta que come como yo, idéntico. Qué nutritivo es una nueva aventura, un affair en toda la expresión de la palabra. Con la cocina, con México, con su marido y con él incluidos. Ya me vi. Vaya fortuna. 

Hablamos de hongos, de percebes y perceberas, de poesía, de malos restaurantes y de chefs que no son cocineros. Así decía Bourdain, Valentina, me dijo mientras estudiábamos geográficamente a mi país, que no es el suyo, pero que me encargaré de que sea cada vez más. 

El momento en que no supe si reír o llorar, y que me hizo pensar que quizá estaba cayendo en una trampa, fue cuando habló de P3. Nadie habla de eso, nadie sabe de eso. Él sí, pocos, y me hace falta. 

Una bocanada de aire fresco, eso me regaló mi fling de inicio de semana. Oportunidades que te regala la vida para tomarlas por completo, para entregarse, para gozar la coincidencia de comer igual, para agradecer la emoción de hablar de callos de hacha, de simplicidad, de amor,  de amar, y de amar México.