Opinión

Nube Viajera: Comer y sentirse mexicano 

Hay una oportunidad a través de la gastronomía de recuperar un poco de lo que se ha perdido. Entender quiénes somos y por qué somos como somos a partir de lo que comemos y cómo lo hacemos
viernes, 4 de febrero de 2022 · 01:40

Hablemos de identidad. Componentes de nuestra historia, de nuestra cultura, el idioma, la cocina, hasta la fe; nos hacen, unidos en un rompecabezas, ser lo que somos. 

Hablando en plata, comer tamales el Día de La Candelaria, privilegiar una salsa martajada hecha en molcajete sobre una de sobrecito, usar crema y no mayonesa para las tortas (ya sabes, a ti te estoy hablando) o la sobremesa, -entre muchísimos otros actos culturales-, nos hacen ser como somos los mexicanos.  

Recuerdo el día que probé una raclette. Nunca he sido de queso fundido que no sea de hebra, es cierto, pero me guste o no, aquella combinación de papas, pepinillos, algo de salumería y queso Raclette du Valais, es un símbolo. Un símbolo de unión helvética, de historia de pastores alpinos, de tradición, de comunidad. Una tarde de raclette al fuego es un acto cultural que identifica a un grupo de pueblos, es un lenguaje.  

Los mexicanos provenimos de un pasado de chile, de dulce y de manteca, un pasado que hasta cierto punto genera ansiedad y que, sumado al pasar de los años, las crisis, los gobiernos y la vida, ha provocado cierto rechazo. Mi mamá es de las que prefiere las cazuelas poblanas para guisar que las de hierro fundido, escuché hace poco decía mi tribu. ¿Será?, quizá a veces, quizá me hace sentir orgullosa de lo que soy y de dónde vengo, pero quizá también a veces la nueva olla de hierro de origen francés color lavanda, en forma ovalada e ideal para cocinar mi curry, me alimenta de otra forma.  

Quiero leer de Vasconcelos y sus estrategias de poder suave. Quiero repasar la política de identidad nacional danesa a través de mostrarle al mundo su cocina con pocos voceros, algo de arenque y muchísimo éxito (lo digo con enorme respeto). Hay una oportunidad a través de la gastronomía de recuperar un poco de lo que se ha perdido. Entender quiénes somos y por qué somos como somos a partir de lo que comemos y cómo lo hacemos, le contaba a un sabiondo con el que me gusta compartir mientras tomábamos un café -bueno, por cierto-, por las calles de La Condesa.  

“…Vivimos, como el resto del planeta, una coyuntura decisiva y mortal, huérfanos de pasado y con un futuro por inventar…”, Octavio Paz, El laberinto de la soledad