A pedir de boca

Miel sobre hojuelas

El pan abraza, reconforta, nos hace sentir sobre una nube que vuela alto, lo suficientemente alto como para dejar atrás los pesares de un día entre neblina
viernes, 14 de octubre de 2022 · 00:00

Después de un día difícil en estas semanas frías, llega la noche y por mi mente se pasea un antojo inmenso a pan, pan dulce me refiero. El pan es maravilloso, no sólo ha logrado evolucionar de un alimento básico a verdaderas obras de arte, y es que el pan no va a desaparecer nunca. El pan abraza, reconforta, nos hace sentir sobre una nube que vuela alto, lo suficientemente alto como para dejar atrás los pesares de un día entre neblina.

En días calurosos los helados de cualquier sabor y color sabrán hacer lo suyo, los pasteles en los cumpleaños son siempre la cúspide de la celebración. Regalamos chocolates para pedir perdón o dar las gracias, y pedimos postre para cerrar una comida con broche de oro.

La realidad es que todos estos momentos dulces los asociamos a un vínculo de seguridad y amor, el primer contacto que tenemos con los alimentos en nuestras vidas es azucarado, no es una coincidencia que asociemos la dulzura con confort. La leche materna es dulce. De ahí que en ocasiones de estrés, ansiedad, miedo, pesar… busquemos un consuelo en forma de pan.

Que en México la cocina dulce sea un matriarcado, no es casualidad. Los famosos pasteles de Paulina Abascal, las creaciones de Maricú Ortiz que rozan en la perfección, los croissants de Odette Olavarri que no tienen par. En fin: Elena, Mary Tere, Bego, Sofía y muchas más chefs se han dado a la tarea de que en nuestro país podamos encontrar ese confort que tanto buscamos en una forma que —personalmente — considero arte. Mucho les debemos.

La pastelería y panadería están asociadas con los momentos felices, mantengámoslo así. Hagamos más de lo que nos hace sentir bien, hay espacio para todo en una alimentación balanceada. En tu próximo antojo, te invito a que le imprimas el propósito de probar algo nuevo, diferente y en la medida de lo posible, local. Déjate sorprender por la panadería de tu colonia, atrévete a experimentar tus nuevas recetas o visita alguno de los clásicos, pero siempre con la intención de llevar tu día a un momento un poquito más feliz. Que lo dulce siga siendo sinónimo de felicidad. Al final del día y en palabras de mis abuelas: las penas con pan son menos.