Opinión

Bitácora del paladar: Mesa y música

Ahora que pruebo un plato rico, le pongo su propia banda sonora. Desde mi perspectiva la cocina es arte, el servicio es entrega y plato que no se queda en el corazón, no cumplió con su destino...
viernes, 30 de julio de 2021 · 01:40

Me atrevo a decir que he comido en más mesas de las que caben en mi memoria. Cada vez que descubro un nuevo placer, procuro narrarlo en voz o en letras, ante aquellos que saben que la pasión me eleva los signos vitales y la voz que se acelera sólo es comparable con aquel adolescente que se emocionaba ante lo estruendoso de un acetato nuevo.

Mi padre, solía hacer los desayunos al ritmo de Vivaldi, donde esa mezcla cultural entre el violín y un huevo en salsa roja hacia un maridaje al que me fui acostumbrando. 

Ahora que pruebo un plato rico, le pongo su propia banda sonora, resultado de esas mañanas de domingo, donde nació la fusión de mesas de sabor con sonidos memorables. 

Desde mi perspectiva la cocina es arte, el servicio es entrega y plato que no se queda en el corazón, no cumplió con su destino. Por sencilla que sea la receta, ésta lleva siempre un momento sonoro donde podemos pasear entre el paladar y el oido de la manera más amplia. 

En días recientes he disfrutado de mesas sonoras en donde la cocina es un elemento más de agasajo. Estas mesas como las de Atlante Pizzas ubicada en la Colonia Roma, me compartió una ejecución perfecta, crocante y con gran sabor vegetal en una tarde de domingo. La pizza Xochimilco con flor de calabaza y salsa blanca de huauzontle me llevó a ese momento voraz en donde no hubo respiro entre cada mordida, mientras que en la mesa sonaba música de @N4n0 con su reciente sencillo. 

Un chef que hace música es quizás un ser completo. Y así es el chef Emiliano que entre Pollo Bruto y Atlante Pizza, se juega los nuevos ritmos de una cocina sonora mas amplia y de perfecta ejecución. 

Así como hay un lado A en todo acetato, hay un lado B que quizás es más creativo y puede que hasta arriesgado. Una mesa que une a más de tres cantantes, un cocinero que vive en Berlin y una bien portada camada de perros puede ser el lado contrario a lo que estamos acostumbrados. 

Una mesa de madera, platos de todos los estilos, vino, cerveza, sake y múltiples emociones me llevan a estar sentado aún frente a un grupo de amigos que vive la sencillez más grata. 

La colaboración en esa comida era digna de una hermandad.

No había regla alguna. Esa tarde se trataba de disfrutar comida, platicas y sonidos a ritmo de latido del corazón.

Plato a plato llegó entre halagos y risas, mientras que Miguel y Elena, anfitriones con un ADN de cariño nos compartían la esencia de casa. Erick Canales, quien es músico de profesión y cocinero de pasión, tomó la guitarra y como lo hace en sus momentos profesionales, abrió la tarde con una canción que lleva a la memoria a recordar momentos que marcaron su vida. 

Cantó Pepe Musinho, luego Miguel Pacheco y los sonidos de los platos, se maridaron en esta tarde de comida sonora. Ritmos, emociones y alguna letra que logró expulsar de mis ojos agua salada de vibrante emoción. 

Había ritmo en todo, en los platos, los sabores, en la música que sonaba, pero sobre todo en el latir de los corazones presentes. 

El placer epicúreo en esa semana me había jugado un momento único. Lo sonidos de las ollas que me apasionan se estaban fundiendo con los de las cuerdas de una guitarra. La voz melodiosa elevaba el sabor de cordero y los vegetales salteados en donde el betabel hacia presencia sublime, me arropaba con esa sutil sabana de sentidos amplios, donde cada acorde, cada corte, cada bocado y cada enunciado hacia que la mesa compartida fuera mas amplia en emoción.

Llegó el momento en el que no cabía el sabor y el sonido en esa sala. 

Una mesa nos une, porque deja desnuda el alma de comensal, desinhibe a los silenciosos y abre espacios de coincidencias. Deseo más mesas así, no importa si al final se escucha “Lo noto” de Hombres G o el violín de Vivaldi. Las dos son importantes para mí, ya que son parte de recuerdos amorosos. 

Al final, de lo que se trata la vida, es del poder maridar las emociones del alma con las emociones del paladar. 

Beto Ballesteros // @betoballesteros