Opinión

Nube Viajera: Me gusta comer del alma

La camaradería entre cocineros es hermosa y no pudo haberse plasmado mejor en los abrazos que, el anfitrión y el visitante, se dieron
viernes, 2 de julio de 2021 · 01:40

Las verduras nunca llegaron. Y clarito las vi en la brasa apenas llegué. Una copa de Perrier Jouet del 89 para empezar. Aquello no podía salir más que bien. 

 Me había puesto vestido y me pensaba hacer una trenza, pero el chipi chipi no paró y acabé en calcetines, botas de gatúbela y abrigo. Quería estar calientita, hace días que traigo una sensación en el pecho. A veces se acrecenta, a veces es menor, pero ahí traigo algo parecido al temorcito de lo que está por venir, pero ese domingo, quería dejar que el champagne y la alegría de ver que las cosas salen bien, fluyeran. 

 Saludé y abracé a muchos que tenía tiempo sin ver y eso me calentó el alma -estoy harta de ver llover-, casi como el bocado de paté de hígado de pollo que comenzó el festín (yo no le puse la mermelada que lo acompañaba) y mucho panecito con lardo. 

 Tantas veces que he probado su cocina pensaba, y la verdad es que siempre me sorprende. Hombre caprichoso y de buenos amigos, peruano, pero de nacionalidad global y enormemente orgulloso de haber sido invitado a cocinar a Pujol ese día. El tartare de aquel cocinero al que recién había llevado con sus comparsas latinoamericanos a la plaza que lleva su apellido a cantar mariachi y darse de toques, estaba presente, aunque confieso que me gusta más en su versión original y con pan. Me cae bien la gente desafanada, y así eran los tacos que se sirvieron, de lechón y de cordero, con tortillas al centro, jardín y limón. Gloriosos

 La camaradería entre cocineros es hermosa y no pudo haberse plasmado mejor en los abrazos que ambos, el anfitrión y el visitante, se dieron, pero también cuando trajeron a la mesa anticuchos servidos en lek. Lima meets Yucatán meets Polanco. 

 Por ahí llegó un Les Amoureuses 2013, ese vino tan mío como tantos recuerdos de esa cocina y de Perú que me ha tratado muy bien y muy mal, pero siempre acabamos haciendo las paces. Y la carne, aquel pedazote bañado de trufa de verano, de esos platos que hoy hasta da pena comerse y servir, pero de esa que se quita luego luego. Y Margaux 82. Pinche Malago eres generoso con tu sonrisa y con tus vinos. Qué sabor. 

Platiqué con mujeres inteligentes, no paré de observar paso a paso lo que sucedió. La vida es otra, queremos experiencias más cercanas, posibilidades de entender la cocina desde otra óptica, desde la sensible y real. Así se sintió todo ese domingo. Estuve esperando que sonara el listón de tu pelo, pero como las verduras, nunca llegó. Qué rico todo, al gusto, al tacto, al olfato, a la vista y al alma, qué rico todo.