Opinión

Nube Viajera: Una cazuela de La Luz

Siempre he pensado, ¿cuál es la cazuela de mis sueños?. Colecciono objetos relacionados con el arte de comer y beber bien, pero también muy bonito...
viernes, 16 de julio de 2021 · 01:50

El fuego llevaba prendido doscientos años. Ubicado en el centro de un patio sencillo y muy elegante en la sobriedad, estratégicamente estaba ubicado ese horno y mi cazuela estaba por entrar a sus fauces. Lloviznaba. 

Siempre he pensado, ¿cuál es la cazuela de mis sueños?. Colecciono objetos relacionados con el arte de comer y beber bien, pero también muy bonito, entonces más o menos sé qué es útil que tenga tapa, la justa dimensión de unas buenas asas, y hasta dónde luce lindo el famoso “sirvo a Valentina” pintado a mano en una cazuela de barro. 

Vuelvo a esa mañana de algo de lluvia -por cierto, en Puebla, omití mencionar-, en el barrio de La Luz, aquella zona de alfareros que durante cientos de años han trabajado el barro de forma tan artesanal que emociona y que probablemente no le quede mucha vida. El oficio se ve amenazado por rentas costosas, Ia restricción deI uso deI plomo en los vidriados, y hasta por el uso de los hornos de leña. Que un artesano haga una cazuela de mole para servir a 300 personas en una fiesta, o una olla de café para calentarle el alma a 96, -así me especificaron, para 96-, no contamina señores, purifica.  

Las dimensiones de una cazuela que sirve un mole poblano en una boda de varios cientos de invitados son dignas de ser narradas en cuento estilo el inglés Jack y las habichuelas mágicas, -¿se acuerdan de esa olla con monedas de oro?-. Más alta que yo, diámetro de unos casi tres metros, decorada con pequeñas bolitas de barro que formarán eventuales flores, hermosa y horneándose en ese horno que, como en los huicholes, representa todo un acto ceremonial. El calor, la cocción, el sitio, la vida que ese fuego genera, efímera, frágil. Sí, ando profunda, no sé si bajita, pero sí en observación. 

Ando buscando nuevas cazuelas. El sábado hice un guisado de muchísimo tomate, vino blanco, alubias, almejas y pescado. Lo cociné en acero inoxidable, cacharro bastante feo, pero ha salido buenísimo y comprado en Target. Pero no es estético. He buscado de hierro fundido en ese modelito, así no muy profundo, pero sí de unos 60 de diámetro y no encuentro nada. Quizá ahora que vaya a Monterrey me lanzo camino a Reynosa por ahí antes de Cadereyta. Buenos recuerdos de pick ups, cuajitos y de cuando me gustaba mucho la carne. 

Regreso a Puebla en unos días, comienza la temporada de chiles en nogada y todos los que nos emociona lo bueno debemos ir a El Mural de los Poblanos, receta gloriosa, amigos cariñosos y con los que comparto el gusto por la talavera, la buena cocina y el barrio de La Luz. Vuelvo en búsqueda de mi cazuela que hace unos años en ese día de lluvia pagué y dejé horneándose. Es para muchos moles, para vastos encacahuatados y hasta para ese frijol con puerco receta de mi abuela que hace tiempo que no hago (con cabeza, evidentemente). Regreso por lo que creo me va a hacer bien estos días. Y pues pretextos, armar una fiesta a la menor provocación. También hace bien