Opinión

Bitácora del paladar: Sonia

En Sonia se sembró un recuerdo basado en los platos y la atención. La mesa en la calle, bajo un sol tímido, no fue obstáculo para comenzar una experiencia con alma
viernes, 11 de junio de 2021 · 01:30

La memoria es una historia narrada a partir de la ausencia y se fortalece por el deseo de volver a repetir lo que en su momento nos emocionó.  

Hay sentimientos en la cocina que tejen historias a largo plazo y que juegan ese eterno coqueteo. Es común que, una vez visitado el lugar, sueñes con volver ahí, deseando estar en la mesa con la gente que quieres. Es por ello que aún existen cocinas que confortan y que te ligan a las emociones que perduran.  

En Sonia, espacio de cocina en la colonia Juárez en la Ciudad de México, se sembró un recuerdo en la primera visita basándonos en los platos y la atención. La mesa en la calle, bajo un sol tímido, no fue obstáculo para comenzar una experiencia, donde la cocina con alma se refugia en la Calle de Oxford 23. 

La sopa tarasca fue un primer plato que cumplía el antojo. Un buen equilibrio en los sabores, y la temperatura correcta, hizo que cuchara a cuchara se disfrutara. En el pasado, he vivido momentos de lumbre en la lengua cuando el calor del caldo acaba con la experiencia, pero aquí, el calor del plato fue preciso para el disfrute.  

Los tacos de papada con paté de lobina y habanero tatemado fueron una grata sorpresa. Había esa mezcla de crocante graso, untuoso y picante que abría paladar para consumir otra orden. Los tres tacos pudieron ser de tres bocados, sin embargo, administrar la ansiedad y el corazón, también funciona a la hora de comer. 

En las entradas no pudimos dejar de lado el tamal de frijoles con salsa macha, cuya presentación fue impecable y el sabor explosivo, pero lo seco del tamal, no cerró el ciclo del disfrute.  

En los platos fuertes encontramos, el pollito de leche con mole verde y arroz, que entregó mucho sabor con una cocción impecable y el mole sobrepasó la expectativa del antojo. Ahí nos faltó la tortilla, ya que los restos de sabor que no se recogen con el cubierto, sólo se pueden levantar con ella y pese a que en la mesa nunca faltó el pan de enorme calidad, nunca es lo mismo la limpieza del plato con maíz que con trigo.  

Los canelones de hongos y queso de montaña con salsa de jitomate y parmesano, fueron vastos y con amplio sabor, sin embargo, la albóndiga de ternera con arroz cremoso y parmesano fue el punto de elevación emocional donde me quedó claro que se tiene que visitar en más ocasiones este lugar.  

La atención fue impecable desde la llegada hasta la salida y el colectivo que atiende la cocina se esmeró por entregar platos de perfecta ejecución. No supe el nombre del chef, pero eso no importó, porque descubrí un espacio sin ego, con una cocina bien ejecutada cuyos precios son justos y con excelente calidad en el servicio, que bien puedo afirmar, que mientras se cocina rico, los anónimos o los discretos cocineros valen más que las estrellas que se presumen. 

La cocina es alma entregada, es sabor de amplias emociones, que busca entre silencios, fundar los mejores momentos. Quienes me vieron salir del lugar, pueden dar constancia de la amplia sonrisa con la que camine por la calle al terminar de comer.  

Sonia es un espacio de cocina que genera emociones y atiende las felicidades en los días nublados, pero, sobre todo, es un lugar donde se cocina rico y se pueden tejer muchas historias felices.  

Hubo muchos platos que de enunciados me generaron atracción y, al final, ese sentimiento de amor a primera vista es el que cuenta para las historias futuras.