Opinión

Bitácora del paladar: Las malas costumbres

...Al llegar a su casa se metió a un sitio de reservas y puso malos comentarios por el servicio. Pero, cómo se dio cuenta que era fácil ofender con facilidad, hizo lo mismo en Twitter y en otras redes sociales. Habló mal, pese a que comió bien...
viernes, 23 de abril de 2021 · 00:00

Ya es tarde en la ciudad. Los restaurantes comienzan a levantar mesas y van cerrando cuenta de los clientes que con enorme alegría han pasado la tarde entre risas, comida y copas. La mesa de cuatro personas se volvió de seis e intentó hacerse de 10, sin embargo, no se les permitió. Eso provocó el primer malestar del cliente.

A las 11 de la noche, se les pidió cubrir la cuenta, ya que por disposición de la autoridad deben de dejar de dar servicio a esa hora. Ahí su segundo malestar. El cliente molesto, levanta la voz y se niega a pagar. Con la sangre caliente al final lo hace.

Al llegar a su casa se metió a un sitio de reservas y puso malos comentarios por el servicio. Pero, cómo se dio cuenta que era fácil ofender con facilidad, hizo lo mismo en Twitter y en otras redes sociales. Habló mal, pese a que comió bien.

Esta historia se repite día a día en la ciudad que olvida que estamos en pandemia y que pese al cuidado del restaurantero honesto, el cliente malo, no se da cuenta de que esos excesos podrían llevarnos al cierre de nuevo, ya sea por incremento de contagios o por una clausura al incumplir con la norma.

Sin embargo, hay lugares de comida y servicio que cierran puertas y permiten que los clientes bajo la cortina o en los salones privados sigan consumiendo, sin temor a la enfermedad ni a la autoridad. Eso pasa en Polanco, en la Roma, y en varias colonias de larga trayectoria gastronómica.

He visto en algún momento al hermano de un secretario importante del gobierno de la ciudad gritar con euforia en el restaurante, mientras que el alcohol le nubla la inteligencia; también he logrado escuchar, por error, de algunos empleados o amigos de restauranteros, que ellos burlan las disposiciones porque sus amigos políticos les ayudan, les apoyan y les toleran esas excepciones.

Por mis oídos han pasado más de 10 lugares con privilegios, ¿cuántos restaurantes y bares juegan en la línea de lo ilegal gracias a la tolerancia de autoridades cercanas que les dan pase al abuso? Creo que la lista ha de ser larga, pero también tengo claro que la autoridad, como el comensal, son parte de esa cadena de malas costumbres.

La mala costumbre existe y, pese a que hay intentos de ser éticos de una gran mayoría, hay quienes apuestan a la suerte y se deslizan en ese riesgo apoyados de manera mutua. Es simple: Para que exista un acto de corrupción deben de existir dos actores que convivan.

La cocina vive un momento de crecimiento después de meses muy duros. La responsabilidad es un acto de todos. Es por ello, que sigo pensando que los premios sobran en listas que integran espacios de malas costumbres, es por ello que creo que los comensales con voz y con imagen deben de ser elementos a seguir con buenas enseñanzas y actitudes positivas. No es posible seguir viendo imágenes en redes sociales donde los límites de asistencia se rebasan, donde la ausencia de cubrebocas está presente y en donde las voces de moda digital nos confunden con su realidad plástica que dista mucho de la realidad en nuestro país.

Demos tiempo al tiempo, para que la nueva cultura consecuencia de la pandemia se arraigue y así podamos descubrir que las normas de salud no pueden ser laxas y mucho menos excepcionales. Los cocineros hacen todo los días un esfuerzo ético en el servicio, no todos juegan al riesgo, es por eso, que no debemos de confundir la foto que dura un microsegundo al tomarla, con acciones no prudentes. 

Que la cocina siga abierta depende de todos. Del restaurante que sigue las normas y del comensal que no abusa de la atención y el buen servicio. Las malas costumbres han de desaparecer, una vez que la conciencia le gane al ímpetu y todos puedan entender que en ocasiones el acto noble modifica las costumbres.

Instagram @betoballesteros