Opinión

Nube Viajera: De azul eléctrico a carmesí 

El color también se come. Se percibe, se siente y se vive...  Así estos días con mi círculo cromático particular...
viernes, 26 de febrero de 2021 · 00:00

El plato era completamente negro, era un tartare de res con cebollas encurtidas y limones caramelizados, todo cubierto en tinta de calamar. Camuflajeado en negro, describió Dan Barber en el micro texto que leí el miércoles. Me hizo pensar en los colores que se perciben, los se sienten y los que se viven. El color también se come. 
 
Llevo días viendo azul. Y sintiendo. Las noches de mi ciudad raramente estrelladas, las mañanas muy temprano con cielos claritos, un tónico de la piel del color del mar de Ensenada que me hace sentir rico en los cachetes; y, varias veces al día, muchísimas ganas de volver a comer anchoas de piel azul plateada en la costa vasca. 
 
En tonos blancos puedo hablar de unos pantalones de piel nuevos que me urge estrenar en un restaurante y con varios Borgoña; y por qué no, de mi crush con las hojuelas de avena con almendras apenas pasadas por el fuego en un chorrito de leche entera, de la que engorda y me hace feliz. Los moles blancos que me emocionan y que tradicionalmente serían los protagonistas de esta paleta de colores, se han hecho casi invisibles. Nunca supe por qué. 
 
Me gusta comer naranja, quizá los que leen lo recuerden. Hoy necesito -en plan de que mi cuerpo lo pide- sabores tailandeses, también un curry y un taco de acociles. No ando muy en amarillos, salvo quizá un mango, pero en realidad quisiera olvidarme un ratito de esos tonos que hoy no me hacen ojitos. 
Trabajo en un vino rosado como los atardeceres que me ponen la piel chinita, y aunque a veces dudo, quiero un lipstick rosa mexicano. Tanto tiempo sin pintarme los labios. Pienso en un platito de fiambrería en varios tonos de rosa en la barra de un restaurante de barrio -rosa-, en donde pronto estaré sentada. Qué ganas de esa libertad. 

 Así estos días con mi círculo cromático particular. Vendrán pronto plateados de ostiones y otros pescados bajo enormes árboles en el Valle de Guadalupe que tantísima falta me hace. Después rojos, ahora que pueda conseguir unos jitomates riñón para comerme a mordidas con sal, aceite de oliva y pan estrenando altísimos zapatos de tacón rojo carmesí, que aún no encuentro, pero que apenas los calce me mostrarán el caminito. Así mis días y mis paletas de color.