Opinión

Nube Viajera: De cerdo pelón y lentejuelas

No soy una mujer que se suele quebrar, es más, me hace falta debilidad, y, de todos los proyectos que he inventado, escuchado, propuesto o a los que he sido invitada a colaborar, éste me agarró en curva...
viernes, 24 de diciembre de 2021 · 01:40

“Debemos conocer a quienes cambiaron el mundo”, leí hace años esa frase de Bourdain refiriéndose a él. La reunión me parecía extraña, pero las referencias de los convocantes y de los que lo insinuaron eran impecables. Además, yo con esta cosquilla que como cometa viene cada tiempo y se instala en mi cabeza, necesito darle de comer bien también a mis neuronas. 

Me condujeron hasta una sala de juntas de aquél relevante edificio de la Ciudad de México y pensaba, tengo hambre y quiero unos tacos de cabeza, andaba yo en otra película como dicen por ahí. Abrí la puerta, lo vi y me paralicé. Era él, ese hombre que no sabe lo que lo he leído, ese seductor personaje que los que adoramos la cocina y sus por qué sabemos lo que es. Don “tú las traes” en toda la extensión de la frase. Encantado -en español-, me dijo Jeremiah Tower. 

No soy una mujer que se suele quebrar, es más, me hace falta debilidad, y, de todos los proyectos que he inventado, escuchado, propuesto o a los que he sido invitada a colaborar, éste me agarró en curva. Are you following me, me dijo el chef Tower después de diez minutos declamando -o cantando diría yo-, posibilidades de comunicar lo grandes que somos en este país a través de lo que comemos, sí, respondí. Me latía fuerte el corazón y las ideas ya aparecían.

Me hubiera fascinado ir a Stars vestida de lentejuelas y comer su famoso Étouffe de mar que siempre he imaginado de padre creole y madre marsellesa. Leí hace años que fue el primero en servir champagne por copa. Sea o no cierto, la historia me pone la piel chinita. Junto con una torta de lechón que seguramente nos comeremos pronto juntos en Yucatán, una copa de champagne como aperitivo es no mejor, aunque sí tan provocador como el tequila blanco de siempre antes de comer. 

Pues así esa sala de juntas y esas estrellas navideñas alineadas. ¿Tienes tiempo?, me preguntaron hombres inteligentes en aquélla mesa, me lo hago, dije convencida de lo que México tiene que contar y de que quiero probar un roast beef con Chateau d'Yquem y emocionarme como él lo hizo. Lo cierto es que todos coincidíamos en lo increíblemente poderoso que es el lenguaje de la cocina mexicana y lo relevante de comunicarlo bien contado. Una hora y media después en los tacos de Virreyes le pregunté al taquero qué haría en mi lugar: haz como yo seño, lo que mejor sepas hacer. Feliz Navidad.

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