Opinión

Bitácora del Paladar: Chocolate y cardamomo

Elena 147 es un proyecto noble que nació en la colonia Condesa de la Ciudad de México, donde Rubén y Elena ofrecen pastelería y postres cuya delicadeza en el sabor los hace excepcionales
viernes, 5 de noviembre de 2021 · 01:30

Ha pasado Día de Muertos, la temporada de pan cede protagonismo a la etapa navideña, y lo más seguro es que en breve veamos la Rosca de Reyes en todas las tiendas.  

Los sabores dulces de fin de año dejan atrás los magníficos pozoles y el chile en nogada se guarda hasta que la nuez esté lista y el árbol de granada entregue la mejor fruta.  

De estas fechas guardo memoria de mis días en Oaxaca, donde en La estancia de Valencia, Beto y Lorena Valencia montan el más bello altar a los muertos y sacan con cuidado la receta de mole de la abuela. Este sabor y este lugar tienen un fuerte arraigo para aquellos que sabemos disfrutar del suspiro del sabor y del aliento de la cocina con alma. 

El chocolate de cada desayuno en esta temporada, Lorena lo sirve en las tazas de barro y genera un bello silencio después de cada sorbo. Mis hijos que, desde pequeños, vibraron con esa genialidad liquida pudieron valorar el sabor durante nuestra vida en España. Nunca un chocolate fuera de Oaxaca supo tan rico y el chocolate español que se bebe con churros en las bellas plazas de Madrid, nunca podrá igualar la compañía del pan de yema y el sabor del cacao con agua en nuestra querida Estancia de Valencia.   

Las temporadas de sabor van ligadas a las emociones de un momento especifico, el ver nacer proyectos de gente noble es algo que me entusiasma y el descubrir un sabor amable que logra emociones positivas en los días de prudente tristeza, tiene un significado positivo. He aquí cuando un tazón de chocolate, al que le añaden cardamomo, puede cambiar una semana entera y puede ser el consuelo al alma que tanto se ha deseado. 

Elena 147 es un proyecto noble que nació en la colonia Condesa de la Ciudad de México, donde Rubén y Elena ofrecen pastelería y postres cuya delicadeza en el sabor los hace excepcionales. Su carta es corta, sus productos son bien cuidados y gozan de enorme calidad. A Rubén le conocí en sus días en Noso, donde ponía la sonrisa y el sabor dulce al menú del restaurante. No conocía a Elena hasta esa mañana de domingo, donde me recibió con sonrisa escondida bajo el cubrebocas. Ella tan amable y dulce, me ofreció una mesa y me recomendó dos platos a probar. Yo acepte con gusto las sugerencias. 

Los molletes con una base de pan de hojaldre, frijoles, cremoso de chipotle, queso de cabra y queso manchego gratinado que se acompaña con un aguacate de perfecta madurez y un sencillo pico de gallo, son muy ricos. Fue este un primer plato, cuya maravilla reside en el pan que se termina de hornear minutos antes de que te lo sirvan. 

El omelette con queso de cabra, albahaca, jitomate deshidratado y la ensalada fresca de arúgula y espinacas, me vino a emocionar por el equilibrio de las temperaturas. El error de una mayoría de ensaladas refrigeradas se me olvido aquí ante lo fresco y bien cuidado del producto. Me han comentado que todos los productos son frescos e incluso el jugo se exprime al momento para cuidar la calidad. 

El chocolate con cardamomo es único en la zona y quizás sea a largo plazo una de sus bebidas emblemáticas. La calidad del sabor y la temperatura lograron que lo bebiera con enorme velocidad, que para cuando llegó mi fudgy brownie por mi mente paso pedir otra taza, sin embargo, la rapidez de este paladar goloso, no pudo emitir palabra hasta que dio por terminado aquel postre de vitrina.  

Elena 147, pudo cubrir con un chocolate el cariño de esta temporada y apertura un capítulo más en la memoria gastronómica de quien escribe. Este hallazgo afortunado e inesperado de un espacio de cocina franca, me pudo llevar al estado mental donde la paz del día, los recuerdos de la bella Oaxaca y los días de sol, me hicieron disfrutar de este pequeño espacio en la calle de Tamaulipas de la colonia Condesa.  

Tiene menos de un mes que abrieron su cocina y siento la madurez que adolecen restaurantes que celebran años, donde les importa más su colección de corazones en las fotos de las redes sociales, que el cariño puesto en un plato.  

Diría mi querido chef Sergio Camacho, que hay lugares donde se sienten las ganas de entregar un plato con alma. Este espacio es así.  

Aquí se respira el cariño que bien se expresa en una taza de chocolate con cardamomo.  

Beto Ballesteros /  @betoballesteros