Opinión

Nube Viajera: De cielos

Me adentré estos días a mi mundo súper interior y fue lindo, sano. Ver, observar, sentir, y probar, he probado desde las mejores sardinas de mi vida hasta mantequillas de esas que siempre pienso que hicieron para mí...
viernes, 8 de octubre de 2021 · 01:40

Los cielos son indicadores del presente, creo yo. Quizá más bien es que uno relaciona con sensaciones, con vivencias, o quizá más bien uno se relaciona con el cielo. Los míos han estado -literal-, nublados, con mucha lluvia y hoy y ayer muy azules, fríos y gigantes en donde uno se siente chiquita, pero con luz. Si no hay sombras no hay luz, si no hay luz no hay oscuridad.

Como también me gusta ver las nubes he podido aprender poco de ellas. Irregulares, súper consensadas, hay cirros, cúmulos y cumulonimbos, nubes de tormenta, de caos, pesadas y cargadas de energías. Pero como todo, siempre después suele salir el sol.

Cené en una divertida barra parisina con un menú excepcional con mi madre -me gustó que vieras mi mundo-, y también vi nubes. Dos en un plato que estaba cerca de donde cortaban el pan, y una en una etiqueta de un Mersault que no conocía que me gustó mucho, mucho. Bruno Verjus es un hombre generoso con su cocina, con la experiencia y con sus sabores, gracias Chef. Y aseguro, que podría platicarme de nubes con esa sonrisota.

Me gustaría un día tener una etiqueta de vino con nubes pintadas como lo que vi hace poco de Hirst. Soñar no cuesta nada. Me gustaría aterrizar un rato en donde sea que sea esa zona, mundo o sensación que se le conoce en inglés como ”cloud nine”, ese estado extremadamente feliz. Auguro que mi castillo del amor, los abrazos, el jugo verde y mucho caldo de pollo me van a conducir ahí.

Me adentré estos días a mi mundo súper interior y fue lindo, sano. Ver, observar, sentir, y probar, he probado desde las mejores sardinas de mi vida hasta mantequillas de esas que siempre pienso que hicieron para mí. Ayer vi una estrella saliendo del restaurante después de probar un St. Nectaire glorioso, brillaba increíble y parpadeaba hermosa y muy grande. Me hizo sonreír y me acordé de lo que leía hace poco en una estación de tren que dijo Virginia Woolf, sólo el cielo sabe por qué lo amamos tanto.