Al cultivar en casa plantas aromáticas, árboles frutales o cultivos ornamentales, el riego es uno de los elementos más importantes y también uno de los que más genera dudas: ¿es suficiente?, ¿será demasiado? Y, por supuesto, cuando el clima cambia de un día a otro es normal que las plantas puedan resentir la diferencia. Por eso es importante aprender a leer las señales que nos dan nuestros cultivos para saber si todo va bien o necesitan un ajuste en la cantidad de agua que agregamos.
El estrés hídrico que experimentan las plantas sucede cuando estas no reciben la cantidad adecuada de líquido, ya sea por la falta del mismo o porque estamos regando en exceso. Aunque suene contradictorio, ambos casos pueden llegar a ocasionar síntomas muy similares, así que no basta con ver una hoja caída para saber en qué estamos fallando. Lo ideal es observar muchos factores como la tierra, el crecimiento y el estado general de nuestras plantas.
Al reconocer estas señales de forma oportuna, podemos ajustar nuestro riego adecuadamente y salvar los cultivos de pérdidas importantes. Una planta que recibe la cantidad de agua correcta crece fuerte, florece mejor, es más resistente a enfermedades y plagas, y si da cosecha, los ofrecerá de manera correcta y en tiempo. Por eso vale la pena conocer cuáles son los indicadores básicos que nos ayudan a reconocer el estrés hídrico.
Cómo saber si mi planta está sufriendo estrés hídrico
La primera señal que las plantas suelen dar para advertirnos que hay algo mal en su salud es la pérdida de turgencia; es decir, si notas que las hojas y los tallos se ven caídos, sin firmeza y flácidos, pon atención. Este síntoma puede deberse a la falta de agua y también al exceso, ya que las raíces que se dañan por humedad constante tampoco absorberán correctamente los nutrientes del sustrato. Si notas este tipo de flacidez, revisa la tierra antes de intentar regar tu planta.
Otro indicador con el que nos podemos dar cuenta de que la planta tiene problemas es el cambio en la coloración de las hojas. Cuando falta el agua, estas pueden verse amarillas, opacas o con los bordes secos y quemados; por otro lado, el exceso de riego puede provocar tonos amarillos uniformes y una hoja que se cae con facilidad. Es por ello que la decisión final debe de venir al revisar el sustrato: revísalo a profundidad y, si está seco incluso después de mover la capa superficial, la planta necesita agua de forma urgente.
Por último, pero no menos importante, si el cultivo parece no crecer y no hay avance en su desarrollo, puede que esté pasando por un paro en el crecimiento, una reacción normal cuando se trata del estrés hídrico. Las plantas dejan de producir hojas nuevas, no florecen o simplemente se quedan tal cual por varios días o semanas. De nuevo, si notas esto, observa el estado del suelo: si está demasiado compacto y húmedo, hay exceso de agua; uno ligero y quebradizo es señal de deshidratación.
