Los garbanzos son de esas legumbres que no sólo son ricas en cualidades nutricionales, fuente de minerales, proteínas, y saciadores. Para algunos que se se enfrentan en su cocinado, a veces suponen un verdadero rompecabezas, porque requieren de ciertos consejos en los diferentes pasos de su cocinado que si se cumplen nos garantizan un producto tierno, y con todas sus cualidades organolécticas a nuestra disposición para disfrutarlos.
El uso de los garbanzos es amplio, va desde el clásico hummus (la clásica crema de garbanzos del Oriente Medio), ensaladas, cocidos tan presentes en la Cocina Tradicional española, guarniciones y un largo etcétera.
Los hay con denominación de origen: el zamorano de Fuentesaúco; el leonés de la Maragatería y el Pedrosillano de Salamanca. Y de múltiples clases, sólo en España hay cinco clases de garbanzos diferentes: blanco lechoso, castellano, Predosillano, chamad y venoso andaluz.
Estos son los pasos que vamos a seguir para hacerlos mantecosos y muy apetecibles:
1) Remojar los garbanzos en 4 litros de agua a 60 grados con 100 g de sal gorda durante 12 horas.
2) Introducir los garbanzos escurridos en una malla bien atada, en el caldo de la elaboración que estemos haciendo: agua caliente en el caso de hummus, caldo de carnes en caso de un cocido, de verduras si los vamos a utilizar en una ensalada. Los introducimos en un líquido caliente a 60 grados y los dejamos cocer tapados durante 4 horas.
El garbanzo es la semilla de la planta «Cicer arietinum», de la familia de las leguminosas. En su composición destacan los hidratos de carbono de absorción lenta, proteínas de alto valor biológico y su alto contenido en fibra, que permite combatir el estreñimiento, disminuir el colesterol y controlar la glucosa en la sangre.
También contiene vitaminas del grupo B (B1, B2, B3 y B6), ácido fólico y vitamina E. En cuanto a los minerales, incluye calcio, hierro, magnesio, potesio y fósforo.