Cada 11 y 12 de diciembre, la zona que rodea la Basílica de Guadalupe en la CDMX se llena de miles de peregrinos que llegan desde distintos rumbos de México e incluso países vecinos a rendir homenaje a la Virgen. Muchos viajan a pie, en bicicletas, caravanas, autobuses o carros, pero todos vienen con el mismo objetivo y, durante este recorrido, la comida es una parte fundamental del trayecto.
A lo largo de las avenidas principales que conectan a la Basílica de Guadalupe se observa un gesto muy característico de esta celebración: personas salen de sus casas o negocios para regalar comida y bebida a quienes van caminando en estas peregrinaciones. No se trata de platillos complicados o abundantes, sino de preparaciones prácticas que son fáciles de comer mientras avanzan y, por supuesto, muchas veces platos típicos. Así podemos ver cómo se entregan tamales, atole, pan, bocadillos, fruta o botellas de jugo y agua.
Los peregrinos no se detienen a comer estos alimentos: reciben los elementos, agradecen y continúan su marcha. Este acto de regalar comida no responde a ninguna regla escrita ni a una tradición completamente formalizada, pero se repite año con año y con una gran presencia. Es casi un ritual espontáneo en el que podemos presenciar la fe, la solidaridad y el sentido comunitario de miles de fieles, e incluso personas que no son creyentes. Y aunque no se trata de una práctica exclusiva del 12 de diciembre, es en este día cuando se vuelve más visible y simbólica.
¿Por qué se regala comida a los peregrinos el día de la Virgen de Guadalupe?
El origen de esta costumbre no está del todo documentado como una tradición oficial, pero nace de la solidaridad y la fe hacia los peregrinos que realizan recorridos largos para cumplir promesas, agradecer favores o realizar mandas. Muchos de ellos viajan desde lejos y, al llegar a la zona de la Basílica, ya están cansados, con hambre o frío, por lo que ofrecer algo de comer se vuelve no solo un acto de apoyo, sino también de acompañamiento espiritual.
Para muchos, el regalar comida no solo es un acto de solidaridad; también es una forma de cumplir una manda o expresar agradecimiento. Así, al igual que muchos peregrinos realizan largos trayectos por devoción, otras personas eligen compartir con los fieles esta comida y bebida, todo como forma de dar gracias o pedir por la salud o la protección de sus seres queridos. Alimentar a un peregrino también es un enorme gesto que tiene un gran valor religioso y emocional.
También debemos tomar en cuenta que, dentro de las enseñanzas más comunes del cristianismo y el catolicismo, el acto de compartir con quien lo necesita es siempre una buena obra. Por ello, el 12 de diciembre es el momento ideal para poner en práctica esta filosofía: ayudar al prójimo sin esperar nada a cambio. Así, la tradición de regalar comida no solo alimenta al cuerpo cansado, sino también fortalece la fe y el sentido de comunidad, elementos que caracterizan a esta celebración.
