El brote reciente de Peste Porcina Africana (PPA) —a veces referida erróneamente como “peste negra porcina”— vuelve a colocar a la industria porcina global en alerta. Esta enfermedad viral ataca cerdos domésticos y silvestres, es altamente contagiosa y tiene una mortalidad muy alta, incluso cercana al 100 %.
Según organizaciones internacionales de salud animal, el virus se transmite de múltiples formas: por contacto directo con animales infectados; por contacto con fluidos, excrementos, sangre, carne o productos porcinos contaminados; por herramientas, ropa, vehículos o equipo que haya estado en contacto con el virus; e incluso por mordedura de ciertas garrapatas, en regiones donde estos vectores están presentes.
La aparición de un brote suele manifestarse por un incremento repentino en la mortalidad dentro de una granja o población porcina. En los animales infectados se observa fiebre alta, letargo, pérdida de apetito, debilidad, y en muchos casos muerte súbita antes de que los signos clínicos sean evidentes.
¿Cómo se identifica la PPA en cerdos?
Los signos más frecuentes que pueden alertar sobre un posible caso de PPA incluyen:
- Fiebre elevada
- Pérdida de apetito, debilidad o falta de energía.
- Piel rojiza o manchada (especialmente en orejas, hocico, patas) —en razas claras puede observarse en abdomen y extremidades.
- Dificultades para respirar, tos o respiración laboriosa.
- Diarrea, vómito, a veces con sangre.
- Abortos espontáneos o muerte súbita, incluso sin señales previas evidentes.
Cuando un cerdo presenta varios de estos signos, se recomienda actuar de inmediato: aislar el animal, notificar a autoridades veterinarias y realizar pruebas de laboratorio (PCR, detección de antígenos o anticuerpos) para confirmar la presencia del virus.
