En la Ciudad de México siempre hay rincones que sorprenden, pero pocos tan icónicos como la Central de Abasto. Entre el caos, el movimiento constante y el aroma de frutas y verduras frescas, surgió un objeto que nadie veía venir: los mini diablitos. Estos pequeños carritos, inspirados en los que usan los diableros para mover toneladas de mercancía, están robando miradas en redes sociales y se podría convertir en el nuevo recuerdo favorito de la CDMX.
La idea nació para rendir homenaje a los trabajadores que caminan de un lado a otro cargando mercancía pesada mientras gritan el famoso “¡Aguas! ¡Ahí va el diablo!”. Una frase que cualquier persona que haya ido a un mercado reconoce al instante. Ahora, su herramienta de trabajo tiene una versión miniatura que no solo funciona como adorno, sino que también sirve para cargar cosas pequeñas en casa o en oficina.
Este detalle artesanal llama la atención tanto para los curiosos, coleccionistas y turistas que ven en estos mini diablitos algo más que un souvenir. Son una muestra de la creatividad popular, del amor a las raíces y de cómo un objeto cotidiano puede transformarse en un símbolo de identidad chilanga.
Así nacieron los mini diablitos que ya son sensación en redes sociales
Detrás del proyecto está Miguel Juárez, conocido como “Tío Ajos”, un vendedor ubicado en la Q-63 de la CEDA, quien se unió con un herrero para dar vida a esta idea. Ellos vieron en el diablito tradicional una pieza emblemática y decidieron convertirla en un recuerdo práctico, bonito y completamente personalizado.
Según explica Miguel, las personas que han comprado su mini diablito les piden que lleve su nombre, su apodo o incluso alguna frase. Esto los vuelve únicos y con un valor sentimental especial para quienes han crecido, trabajado o simplemente amado la vibra de los mercados de la ciudad.
Además, los mini diablitos mantienen el diseño del original: estructura metálica, ruedas resistentes y detalles que hacen que la pieza sea reconocible de inmediato. No son simples figuras; tienen funcionalidad real y pueden cargar objetos pequeños sin problema, lo que los vuelve útiles además de decorativos.
Este homenaje artesanal también ha tomado fuerza porque reconoce la labor de los diableros, trabajadores que mantienen viva la operación diaria de uno de los mercados más grandes del mundo. Para muchos compradores, llevarse un mini diablito es como llevarse un pedacito de la Central de Abasto.