Alguna vez has oído hablar de la lacto-fermentación. Aunque no puedas identificarla con este nombre, seguramente alguna vez has disfrutado de sus beneficios. Esta es una técnica utilizada desde hace milenios como método de conservación, en la que se aprovechan ciertos microorganismos que transforman los azúcares naturales de los alimentos en ácido láctico. Gracias a esto, no solo se modifica el aroma, sabor y la textura, sino también se crean las condiciones perfectas para preservar la comida.
A diferencia de otros métodos de conservación, en esta técnica no interviene el calor. En vez de ello, se utiliza la acción de bacterias benéficas que se presentan de forma natural o que se pueden añadir de manera controlada. De forma práctica, podemos entender la lacto-fermentación como el proceso de sumergir alimentos en una solución de agua con sal, conocida como salmuera. Estos alimentos pueden ser verduras, frutas y hasta lácteos. Después de la fermentación, la preservación se puede complementar con refrigeración.
El ambiente que se crea a raíz de este método limita el oxígeno y, así, las bacterias lácticas se pueden desarrollar sin problema, mismas que descomponen los azúcares de los ingredientes, produciendo ácido láctico y pequeñas cantidades de gas durante el proceso. Por eso, los alimentos fermentados adquieren un sabor característico y se tornan más estables. El tiempo de proceso es variable, dependiendo del alimento y el almacenamiento, pero es fundamental que durante este tiempo siempre se mantengan los ingredientes sumergidos en la salmuera y los recipientes bien cerrados. Así se limita la actividad de otras bacterias.
Cuáles son los beneficios de la lacto-fermentación
Entre los principales beneficios de la lacto-fermentación tenemos su capacidad para mejorar la digestibilidad de ciertos alimentos. Al descomponer compuestos complejos presentes en la comida, las bacterias pueden facilitar la forma en la que absorbemos los nutrientes. Así, vitaminas y minerales se encuentran más disponibles para el organismo en este tipo de productos, lo que resulta especialmente útil cuando se trata de alimentos vegetales, ya que suelen tener algunos nutrientes que son más difíciles de asimilar.
También tiene un impacto positivo en la salud intestinal, pues los alimentos lactofermentados conservan microorganismos vivos que contribuyen al equilibrio de la microbiota. Esto, a su vez, se relaciona con un sistema digestivo en buen estado y funcionando adecuadamente, así como una respuesta inmunológica más eficiente. Incluso, muchas veces se puede incrementar la presencia de compuestos bioactivos antioxidantes con este método.
La lacto-fermentación también puede ayudar a prolongar la vida útil de los alimentos de manera natural. Por eso, es un excelente método de conservación: se reduce el desperdicio y, al mismo tiempo, se evita el uso de conservadores artificiales. Todo esto, sin mencionar que se desarrollan sabores complejos y únicos que hacen del consumo de productos lactofermentados una experiencia gastronómica deliciosa.
