Ahora que el otoño no para de sorprendernos con días con viento y clima frío, lo justo es que aprovechemos para sacarle jugo a la situación, disfrutando de esas recetas cálidas que habíamos guardado en el baúl de "El próximo año". Por eso es que hoy queremos compartir contigo nada más y nada menos que una receta que no cualquiera comería.
Desde luego que estamos hablando de la decisión audaz de hacer un pastel de arroz con leche. ¡Sí, una bomba de carbohidratos, azúcares y proteína! Sin embargo, la verdad es que el resultado es absolutamente digno, decente ¡y delicioso! Si no lo crees, deberías probar esta receta para que tú misma te convenzas.
El arroz con leche es un postre muy típico de las abuelitas y muchas de nosotras lo aprendimos a hacer viéndolas cocinar, porque es todo un clásico de tiempos de frío. Algunos lo consumen entrado diciembre y otros inician en otoño, como nosotras. Pero cuando haces este postre y no tienes con quién compartirlo, te comes una porción o 2 y luego ya no quieres saber más de esto. Sin embargo, en realidad puedes aprovecharlo de distintas maneras.
¿Cómo aprovechar el arroz con leche sobrante?
Una forma útil de aprovechar el arroz con leche, definitivamente es usándolo para hacer otros postres o bebidas, como es el caso del pastel que puedes aprender a hacer si sigues leyendo. Especialmente, porque además es fácil de hacer y es tan delicioso, que querrás compartirlo con alguien más.
El arroz es una gran fuente de carbohidratos y proteínas saludables, que te dotarán de la energía suficiente para empezar el día, para entrenar algún deporte de alto rendimiento o incluso para sólo pasar la tarde en la comodidad de tu casa, leyendo libros, viendo películas o resolviendo crucigramas y sopas de letras.
Nutrientes del arroz
Este cereal contiene vitamina D; minerales como hierro, calcio y otros nutrientes como fibra, tiamina y riboflabina, que ayudan a activar nuestro metabolismo, fortalecen el sistema inmunológico y además nos ayudan a agilizar la digestión, previniendo el estreñimiento crónico. Y ahora que sabes todo, pues ¡manos a la obra!
