-Por Galo Ramírez
Rios de Mezcal es una exposición fotográfica que a través de contraluces, paisajes y retratos hace memoria de la vida cotidiana y la esencia del quehacer de los maestros mezcaleros.
Gabriel Marín, artista visual lleva varios años registrando el proceso de esta bebida ancestral en algunas entidades como el Estado de Mexico, Jalisco, Guerrero y Oaxaca.
Su práctica artística ha girado en torno a la producción fotográfica en línea con los procesos fotográficos históricos como el colodión húmedo o el heliograbado.
En esa ruta de lo antiguo y durante el tiempo de ocio que dejó la pandemia de Covid, nació su interés por producir mezcal de manera artesanal, así llegó a Tepelmeme, pueblo ubicado en la sierra mixteca que significa "cerro enmagueyado", para darle vida al proyecto “Niños viejos”.

En entrevista con El Heraldo de México, el creador visual encuentra una relación entre la producción del mezcal y la creación de un colodión húmedo, “paciencia y el manejo de las plantas”, afirmó.
Recuerda que su predilección por la antigua técnica fotográfica nació al saber que “te emancipaba de comprar película fotográfica”, para hacer colodión necesitamos plantas de algodón.
Entonces, dice “el colodión es una técnica que se necesita paciencia, que te da un regreso a las plantas”, así empezó a sembrar semilla de algodón e inició una relación con la tierra.
Después esa experiencia, la llevó al campo para plantar agaves, “entonces para mí van como muy unidas, muy enlazado el colodión con este proyecto del mezcal”, afirmó.
Maestros mezcaleros
Gabriel Marín a través de 25 fotografías captura lo que simboliza el mezcal en comunidades productoras de esta bebida ancestral y donde se usa para agradecer la llegada de una nueva vida a la comunidad o para despedir a un miembro de esta.
El papel que juegan los hacedores de mezcal en sus comunidades es importante porque deben de tener lista la bebida, “el maestro mezcalero tiene como esa parte de otorgar estos traguitos, para festejar o para lamentar”, comenta el artista.
La relevancia de los maestros mezcaleros en su trabajo de tener una bebida de calidad es primero, identificar qué agave está listo para cocer.
Acto seguido deben tener la astucia de prender el horno y saber “cómo acomodar la leña, las piedras y el agave para que el maguey se cueza bien”.
Y, por último, un paso determinante, “poder destilar y saber hacer los cortes precisos entre puntas, cuerpo y colas, para poder hacer un ensamble de estas tres separaciones y poder rescatar el alma del maguey”.
A través de la fotografía, el artista visual destaca lo que los maestros mezcaleros experimentan durante la destilación; además procesos en los que colocan un animal dentro de las ollas para darle un sabor distinto.
Es el caso del famoso mezcal de pechuga, el cual adquiere este nombre porque se le introduce una pechuga de pavo. Lo mismo hacen con el venado, con el jabalí o con la iguana.
En San Luis Potosí, el maestro Manuel de Campanilla, le mete rata de campo. Entonces, cada comunidad tiene como sus prácticas y a partir de eso, se va como volviendo una cultura bebible.
“Pues le ponen ahí todo el corazón, todo el expertise, cada maestro mezcalero va dejando su alma en cada destilado”, comenta.
Mezcal Niños Viejos
El proyecto “Mezcal Niños Viejos” nace de la contradicción de este agave que guarda la sabiduría de los ancestros a decir de los maestros mezcaleros, Gabriel Marín recuerda que le preguntó a un maestro mezcalero de la poca altura de los agaves aun cuando ya estaba maduros para cocinar.
“Entonces platicando con el maestro le dije a él '¿Por qué se quedaron enanos? No les hicieron caso a sus papás. No lo comprenderás'”, fue la respuesta.
“Hay niños que nunca crecen. No porque su cuerpo no cambie, sino porque su espíritu guarda la sabiduría de los ancestros.
Son guardianes del agave, protectores del fuego y del tiempo. Aparecen al amanecer cuando el vapor del horno todavía abraza la tierra y revisan que cada piña está lista para transformarse. Sus ojos son antiguos, han visto las lluvias, sequías y cosechas.
Saben cuándo escuchar el susurro del mezcal cuando está fermentando. Los llaman niños viejos porque nacen con memoria de siglos.
Cuando brindas con este mezcal, dicen que uno de ellos se sienta a tu lado, invisible, para enseñarte a beber, despacio, y recordar de dónde vienes y a soñar a dónde ibas”.
- La exposición “Rios de Mezcal” se exhibe hasta el 7 de junio en Mezcalería Finca Robles ubicada en Tamaulipas #136, hipódromo Condesa, Ciudad de México.