“En México hay un nivel espectacular de panadería y pastelería: mucho chocolate, mucha bollería, panes excepcionales”. La frase no viene de un observador casual, sino de Antonio Bachour, uno de los chefs pasteleros más influyentes del mundo, quien considera que el país vive uno de sus mejores momentos en términos de técnica, calidad e identidad dentro de la escena dulce internacional.
Para el chef puertorriqueño, reconocido por The Best Chef Awards como Mejor Chef Pastelero del Mundo, el nivel que ha encontrado en México supera incluso al de muchos destinos europeos.
“He ido a más de 20 panaderías no tan conocidas y he comido panes de una calidad que no he encontrado en Europa, Hay cultura muy sólida, a la gente le gusta comer pan y hay una excelente oferta; lo mismo en panadería netamente mexicana que en conceptos más globales. El pan de masa madre es algo universal que en este país se maneja muy bien”, asegura.

Bachour destaca también la evolución del mercado mexicano alrededor de los insumos y la profesionalización del sector. “Aquí se consigue todo como en ningún otro punto de América Latina. Hay ingredientes, herramientas y una comunidad muy apasionada”, explica. Para él, la combinación entre tradición panadera y apertura a técnicas contemporáneas ha convertido a México en una referencia regional.
Falta de apoyo
Sin embargo, esa fortaleza no suele reflejarse en las grandes competencias internacionales de pastelería. Aunque existe talento suficiente para competir al máximo nivel, el chef considera que los profesionales mexicanos trabajan en condiciones muy distintas a las de países como Francia, Italia o Japón.
“El problema no es el talento, es el apoyo”, afirma. “En otros países, los competidores reciben patrocinio de grandes empresas que les permiten entrenar tiempo completo durante meses. Aquí muchos chefs tienen que trabajar y practicar en sus días libres”.
Bachour recuerda el caso del equipo de Inglaterra, al que siguió de cerca antes de una competencia internacional. Durante medio año, explica, los integrantes dejaron de trabajar para concentrarse únicamente en entrenar, mientras sus salarios eran cubiertos por patrocinadores. “Así cualquiera puede competir a otro nivel”, comenta.
En contraste, en América Latina los entrenamientos suelen depender del tiempo y recursos personales de los participantes. “La mayoría sólo puede practicar una vez por semana, y aun así el talento existe. Por eso creo que México podría llegar muchísimo más lejos si hubiera una estructura sólida detrás de los equipos”, señala.
Más allá de las competencias, Bachour mantiene una relación cercana con México desde hace más de una década. Ha colaborado con grupos hoteleros como Moon Palace y es parte del universo dulce de Xcaret; además desarrolla proyectos propios en Yucatán y próximamente en Ciudad de México.
Maestro panadero
Su vínculo con el país también se ha fortalecido a través de la enseñanza. En semanas recientes regresó para impartir una serie de master classes junto a Grupo Alpha, empresa que lo nombró embajador en 2026. Aunque pasa cerca de 330 días al año viajando, asegura que compartir conocimiento sigue siendo una de sus mayores motivaciones.
“No enseño por dinero. Lo hago porque me apasiona ver crecer a la gente”, explica. “Muchos chefs que empezaron como pasantes hoy tienen negocios propios o trabajan en grandes hoteles. Eso me llena de orgullo”.
Para Bachour, el futuro de la profesión depende de mantener la disciplina y el compromiso con el oficio, especialmente en un contexto donde las nuevas generaciones buscan resultados inmediatos.
“Las redes sociales y los reality shows han creado la idea de que todo ocurre rápido, pero esta carrera requiere paciencia, práctica y experiencia. Nadie se convierte en gran chef de la noche a la mañana”, reflexiona.
Pese a los retos, el chef Antonio Bachour ve en México un escenario particularmente prometedor. La técnica, el gusto por el pan y la búsqueda constante de calidad —dice— ya colocan al país entre las escenas más interesantes del continente. Lo que falta ahora es el respaldo suficiente para transformar ese potencial en presencia internacional.