Antes de pensar en el corcho, es esencial pensar en el contenedor en el que se transportaba el vino. Históricamente, el vino se transportaba en pieles de animales, ánforas y barricas.
Las botellas de vidrio como las conocemos hoy surgieron aproximadamente en el año 300 d. C., y se utilizaban para servir el vino, no para transportarlo. En aquel entonces, no existía una manera práctica de impedir que el líquido se derramara durante los viajes y, por lo tanto, eran aprovechadas sólo para el arte de la mesa.
Fue hasta el siglo XVII, en Inglaterra, que las botellas comenzaron a utilizarse como las conocemos actualmente: con un corcho hecho de la corteza del árbol del alcornoque.

Su interacción con el vino
En el siglo XIX las botellas de vino de 75 centilitros comenzaron a estandarizarse y, sobre todo, se empezó a entender la interacción del corcho con el vino y la razón de ser de este material: el alcornoque permite la microoxidación y el envejecimiento paulatino; mientras que un vino totalmente encapsulado tendrá un proceso de envejecimiento casi nulo.
El uso del corcho de alcornoque también tiene consecuencias. El “defecto por corcho”, provocado por el tricloroanisol (TCA) arruina el vino con sabores y aromas similares al cartón mojado, humedad, sótano húmedo o moho. Hoy en día, el uso de la tecnología en los corchos ha permitido que este defecto sea cada vez menos frecuente.

Más tarde, en los años 90, también se comenzó a experimentar con tapones de plástico y la temible taparrosca, aunque la realidad es que estas dos opciones son fantásticas para vinos que tendrán un paso por los anaqueles de los autoservicios donde permanecerán de pie en condiciones poco controladas.
En estado óptimo
Para que el corcho y, por lo tanto, el vino, estén en óptimas condiciones, es importante que la botella esté acostada para permanecer en contacto con el líquido. La temperatura de conservación no tiene que variar, si no, el corcho se secará y el vino se oxidará rápidamente haciéndolo imbebible.
La taparrosca, más que el tapón de plástico o de vidrio, es una solución óptima para resolver este problema. ¿Por qué? El vino estará en óptimas condiciones, no tendrá ningún defecto y, sobre todo, es un material ideal para los vinos de consumo rápido, frescos y joviales.
Ante los problemas climáticos y las crisis de los alcornoques tanto en España como en Portugal, dejemos que estos corchos cumplan las funciones para la cual nacieron: que el vino desarrolle canas y envejezca poco a poco.