Preparen su equipaje, las provisiones y, sobre todo, el apetito, para recorrer la patria y, en cada pueblo, puerto o capital, disimular el acento y hacerse pasar como un parroquiano local más.
¡Evite el limón en el lechón!
La cochinita pibil es orgullo de Yucatán. Pero, ¡atención! Al servirse, suele acompañarse de aliños como cebolla encurtida y salsa de chile habanero. Y quizás, por costumbres de otras regiones, el viajero se vea tentado a pedir limón para exprimir sobre el guiso ya condimentado. ¡No lo hagan! Que es mal visto y puede provocar desdén en meseros, anfitriones y comensales vecinos

Pan y marisco, ni un mordisco
“Sólo Veracruz es bello”, reza el refrán. Y más lo son sus platillos hechos con mariscos recién capturados. Desde frescos cocteles a platos complejos como el arroz a la tumbada, que se sirven con tostadas de maíz. Y si al paladar del aventurero llega un antojo más bien chilango de bolillo para acompañar, ¡que se detenga! Nadie cumplirá su capricho y será objeto de cotilleos crueles jarochos.

Se llama quesillo, sin trastabillo
Reconocido como uno de los mejores quesos del mundo, el queso de hebra elaborado en Oaxaca lleva localmente el nombre de quesillo. Poco puede hacer si a cientos de kilómetros de su lugar de origen, otras regiones lo llaman queso Oaxaca. Sin embargo, quien tenga la fortuna de visitar este estado, deberá seguir la usanza local y llamarlo por su nombre original.

Torta con guante, seguro farsante
En tierras tapatías, la torta ahogada reina el panorama culinario. Guadalajara es capital de este platillo caldoso y picante. Justamente, por su naturaleza, el visitante pretenda anteponer la pureza de su vestimenta, sobre la comodidad al comer. ¡Error! Porque si osa pedir (o aceptar, en restaurantes para extranjeros) guantes de plástico para hacerse cargo del platillo, pondrá en su persona una bandera: foráneo de mal gusto.
Si la comida es rica, es porque pica
A lo largo y ancho de estas nobles tierras, pero sobre todo, en la capital, la adoración al chile es rasgo típico de su población. Negarlo es objetar su naturaleza. Es por eso que pedir “salsa que no pica”, o peor incluso, “sin chile”, raya en el insulto. "Hic sunt dracones", decían los mapas antiguos. Y en Ciudad de México debe decir: "Hic sunt salsas picantes y deliciosas".