Vinos y licores

Entre flores: la apuesta sensorial de Monte Xanic

Con “Evolución Floral”, Monte Xanic propone una nueva forma de degustar vino al integrar flores mexicanas y detonar notas ocultas en cada copa

Entre flores: la apuesta sensorial de Monte Xanic
Evento de Monte Xanic Foto: Especial

Desde el hermoso Xochimilco, Monte Xanic presenta una experiencia que transforma la manera de entender el vino. Su Sauvignon Blanc de perfil seco con matices semidulces abre con notas cítricas, tropicales y de flor blanca, donde destacan piña, guayaba, guanábana y toronja. En esta ocasión, la propuesta cobró vida en un entorno natural junto a una degustación pensada para ir más allá de lo convencional. El vino se convierte así en el eje del proyecto “Evolución Floral” una propuesta que explora nuevas formas de degustación a partir de la interacción con flores mexicanas.

La experiencia comienza con la flor de izote, una especie desértica que crece de Hidalgo a San Luis Potosí y que tradicionalmente se utiliza tanto en la cocina como en la medicina. Presentada en almíbar, su perfil aromático es sutil por lo que no modifica de manera significativa la “nariz” del vino. Al combinarse con el Sauvignon Blanc, su sabor remite a la chilacayote o a la calabaza dulce, generando una armonía ligera que se percibe más en textura que en aroma.

El giro sensorial aparece con la flor de gardenia, cultivada en regiones húmedas como Veracruz y el norte de Oaxaca. A diferencia del izote, su intensidad aromática es notable. Al degustar su pétalo antes de beber el vino, emergen notas inesperadas de durazno, revelando capas que no se perciben en un primer acercamiento. Esta interacción evidencia cómo las flores pueden detonar matices ocultos en el vino. Su potencia cercana a la vainilla requiere cuidado pues si se percibe de forma directa, puede saturar el paladar. Por ello, la experiencia sugiere avanzar de lo más sutil a lo más intenso.

Con “Evolución Floral”, Monte Xanic redefine el maridaje tradicional y lo convierte en un ejercicio sensorial y educativo. Más allá de acompañar el vino, las flores mexicanas lo transforman, invitando a descubrir nuevas posibilidades en cada sorbo. Así, la degustación deja de ser un acto estático para convertirse en una experiencia viva, donde cada elemento tiene el poder de revelar algo.

 

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