El cultivo de vides que dan como fruto los vinos de esta Denominación de Origen se extiende por buena parte del sur de la provincia de Córdoba, siendo los ríos Genil y Badajoz los que delimitan sus fronteras naturales oriental y occidental, y el Guadalquivir al norte y la Subbética al sur delimitan su contorno.
La uva Pedro Ximénez es la variedad principal autorizada en esta denominación de origen, ocupando un 95% de la superficie cultivada, siendo otras variedades cultivadas la verdejo, la moscatel y recientemente se han autorizado tres variedades más: la sauvignon blanc, la chardonnay y la macobeo.
Se trata de vinos límpidos, brillantes, transparentes, colores que va de rojizo a dorado, y sabores característicos de la crianza biológica, con matices propios de la uva Pedro Ximénez, ligeramente amargoso, ligero y flagrante.
El amontillado es el vino rey de los vinos de Montilla Moriles, dentro de la amplia gama de vinos generosos que la componen, siendo el más señorial y complejo. De inigualables aromas, se llegó en la antigüedad a utilizar como aroma de pañuelo antes de que existieran los perfumes.
El oloroso es un compendio de aromas, se trata de un vino de aroma potente e intenso, que hace que el vino permanezca en nariz mucho tiempo después de que se haya procedido a su cata olfativa. Son apreciables aromas de pastelería, algún recuerdo de uva de Pedro Ximénez pacificada, que puede estar presente o no en el mismo.
El Pedro Ximénez es un vino de postre, con intenso sabor a uva pacificada, perteneciente a esta denominación de origen. Es ideal también para ser consumido con quesos y con chocolates negros. Éste es un vino único de origen Montilla Moriles, siendo posible su elaboración gracias a su temperatura y a su tipo de suelo, siendo cordobés por excelencia.
Todo ello, unido a una elaboración que unifica lo tradicional a las más modernas tecnologías y a un sistema de crianza que bajo velo de flor dan como resultado unos vinos únicos y excepcionales que harán de su degustación, un placer para los sentidos.
